Fidel, paradigma de la dignidad infinita

Por Magaly Zamora Morejón/ Agencia Cubana de Noticias.

Sobreviviente a más de 600 intentos de asesinarlo, a Fidel Castro, líder histórico de la Revolución cubana, nadie se atrevió durante su vida a proponerle claudicar, pues si algo tenían bien claro sus enemigos era la firmeza de sus principios.

Esa cualidad de su carácter se hizo patente desde la época de estudiante, cuando la solidez de sus convicciones lo llevó a asumir una postura revolucionaria, la cual mantendría a lo largo de toda su existencia.

Son numerosos los ejemplos que validan su firme actitud, aun frente a los malos presagios y las derrotas, que reafirman su condición de líder, capaz de trasmitir optimismo, confianza en el futuro, fe en la victoria y voluntad para persistir en su objetivo.

Tras el golpe del 10 de marzo de 1952 surgió la estrategia del asalto al Cuartel Moncada y lo que muchos creyeron un fracaso, Fidel lo convirtió en inspiración para continuar la lucha.

Durante un recorrido en 1955 por Estados Unidos, después de salir del presidio, en un acto en Palm Garden ante un nutrido grupo de emigrados, dio a conocer su compromiso de honor: “(…) Puedo informarles con toda responsabilidad que en el año 1956 seremos libres o seremos mártires. Esta lucha comenzó para nosotros el 10 de marzo, dura ya casi cuatro años y terminará el último día de la dictadura o el último día nuestro”.

Esa perseverancia lo llevó al Granma y otra vez a empinarse sobre sus ideales para reponerse de la derrota de Alegría de Pío, y creer que se podía ganar la guerra cuando logró reunir los primeros hombres y fusiles.

Al recordar aquella situación, el propio Fidel rememoraba el 27 de diciembre de 1991 ante la Asamblea Nacional del Poder Popular (Parlamento):

“Cuando andábamos por unos cañaverales con unos pocos fusiles, o Raúl y yo nos encontramos en Cinco Palmas, realmente lo que habíamos reunido eran siete armas, nada más, ¡siete armas! Si nos ponemos a contar las balas y las armas que teníamos contra todo aquel Ejército que tenía tanques, aviones, millones y lo tenía todo, ¿qué? Podíamos habernos desanimado”.

Pero su firme ideología y el compromiso con los compañeros caídos contribuyeron a la formación del Ejército Rebelde y a la victoria del 1ro de enero de 1959.

No fueron menos los contextos después del triunfo revolucionario que pondrían a prueba la fortaleza de los ideales que defendía, pero siempre fue consecuente con la misma línea de pensamiento, sin ceder ni un ápice en sus convicciones.

Si en fecha tan temprana como el 2 de enero de 1963, proclamaba en la Plaza de la Revolución “¡Podremos morir, sí, pero claudicar jamás!”, el 26 de julio de 1978 sentenciaba:

“Nosotros estamos dispuestos a resistir digna y abnegadamente los años que sean necesarios el bloqueo imperialista. Si otros transigen, si otros se dejan sobornar, si otros traicionan, Cuba sabrá mantenerse como ejemplo de una Revolución que no claudica, que no se vende, que no se rinde, que no se pone de rodillas”.

Y meses después, el 1ro de enero de 1979 reafirmaba: “No solo hemos defendido la integridad de la patria; hemos defendido con firmeza inconmovible la integridad de nuestras ideas”.

Esa lealtad a los principios se mantuvo incólume ante la desaparición del campo socialista europeo, mientras muchos apostaban por el fin de la Revolución cubana y él sólo apelaba a “desplegar el heroísmo y la firmeza que demanden las circunstancias”.

Fidel nos dejó un ejemplo de solidez, que no es decir dureza de sentimientos hacia los demás, ni pasar por encima de alguien para lograr objetivos personales, sino desde la humildad, tener carácter para luchar por las cosas en las que se cree, cumplir una promesa a cualquier precio y asumir la responsabilidad de lo que hace.

Su legado de firmeza, persistencia y dignidad infinita perdurará por siempre desde su estatura de líder audaz, capaz de hacer realidad lo imposible. (Foto: Archivo)