Vilma, madre, mujer, heroína

Vilma, madre, mujer, heroínaCuando el 18 de junio de 2007 se supo la noticia de la muerte de Vilma, escribí: “Vilma ha muerto. Puede resultar fácil escribir estas líneas, pero cuando la mente ahonda en las palabras, se hace difícil de creer.”

Quizás, entonces, no tenía idea de cómo sería el tiempo después. Hoy, ya puedo evaluarlo. El tiempo pasó pero, ciertamente, para las cubanas que crecimos con la Revolución, Vilma no ha muerto.

Con frecuencia traemos a la memoria los primeros años de la Revolución, cuando apenas comenzaba su quehacer en aras de la Patria y de los cubanos.

Ciertamente le fue difícil burlar las hordas militares, repartir proclamas, organizar…, desde la postura del que lo da todo sin mostrar el nombre, sin decir “yo he sido, yo lo he hecho”.

Nacida en Santiago de Cuba el 7 de abril de 1930, para esta mujer enfrentarse en la lucha clandestina, era solo el comienzo de una larga vida dedicada a servir como luchadora, como revolucionaria, como cubana, como madre, como mujer…

Vilma renunció a la vida cómoda y se hizo a la lucha, como hace el ave que prefiere el espacio peligroso del cielo libre, a las rejas de una prisión donde tiene asegurada su vida.

Asumió su papel de heroína, aún sin saberlo, como el pez que nada río arriba, porque sabe que es allá adonde lo llama la naturaleza.

Supo hacerse un manantial de donde brotó la sabia de la vida. Supo crecerse, luchar, dirigir, fundar.

Vilma fue madre antes de serlo: encabezó, en su juventud una marcha de madres enlutadas en protesta por los múltiples asesinatos de la tiranía. Así se adelantó a la vida. Así defendía a quienes traería después al mundo.

Así la verán hoy sus hijos, como la madre que nunca dejó de ser, porque fue ante todo una mujer. Y una mujer es siempre una madre. La manera en que llevó ambas funciones, la hacen ver a mis ojos más mujer aún, y más capaz.

Y eso solo pueden saberlo quienes vivieron su día a día, o quienes saben por propia experiencia cuánta dificultad puede hallarse en el oficio de madre y dirigente, de madre y luchadora, de madre y revolucionaria.

Déborah, Alicia, Mónica, Mariela, fueron sus nombres en la clandestinidad. Todos la recuerdan, porque fueron suyos.

Todos estos nombres marcan la historia de Cuba, porque quedarán en ella, justo en el lugar donde siempre han estado.

Por eso, para las cubanas que crecimos con la Revolución, para las cubanas que a los catorce años fuimos federadas por el hecho de ser mujeres en una época y un lugar de transformaciones, para nosotras, Vilma no ha muerto.

Por Mariela Peña Seguí/ Radio Cadena Agramonte