El último round de Teo

El último round de TeoTodavía guardo frescos en la memoria los recuerdos de la última corona mundial del superpesado Teófilo Stevenson Lawrence (Teo, Pirolo). Entonces cruzó guantes en cuatro combates en Reno, Estados Unidos, y terminó en calidad de invicto luego de imponerse en la final al estadounidense Alex Rodríguez.

Cuando aquello (1986), Alcides Sagarra y el colectivo técnico de la Escuela Cubana de Boxeo, apostaron por el gigante y debieron enfrentar innumerables incomprensiones y desacuerdos, sobre todo por parte de quienes consideraban que Teo ya debía retirarse, luego de su derrota en el patio frente a su coterráneo Osvaldo Castillo, rival de escaso reconocimiento.

Primaba el argumento, de parte de periodistas y la propia opinión pública, sobre la necesaria retirada del ídolo, en evitación de la posible debacle en la trayectoria inmaculada del gran campeón cubano, quien permaneció por más de dos décadas en la preselección nacional.

Pero los preparadores, conocedores de su yo interior, sabían que a Pirolo le sobraban cualidades para triunfar en cualquier confrontación élite, y así se evidenció. Sin apenas preparación, su imponente y demoledor punch (pegada) con ambas manos, propició que los rivales le profesaran gran respeto dentro de las 12 cuerdas y se cuidaban al intercambiar golpes con él.

Quienes conocimos a Teo, derrotado en su último combate, esta vez contra la cardiopatía isquémica, sabíamos de su carácter sencillo y campechano, el cual lo hacía lucir como el niño grande y noble que siempre fue. También temperamental.

Teófilo fue el primer cubano en proclamarse tres veces campeón olímpico y el segundo púgil en el mundo en lograr tal hazaña, tras el húngaro Lazslo Pap. Ganó sus tres títulos al hilo: Munich (1972), Montreal (1976) y Moscú, (1980). En esas tres competiciones bajo la égida de los cinco aros, efectuó 12 combates, diez de los cuales ganó por nocao o RSC y solo dos, en la última, por decisión.

En su expediente figuran 322 combates: 307 victorias y 15 derrotas. Nació en Las Tunas (Puerto Padre, 29 de marzo de 1952).

Comenzó a boxear en 1966, en su pueblo natal. Rápidamente escaló peldaños en el pugilismo nacional. Sus triunfos más sonados siempre los alcanzó en la máxima división. En su primera confrontación internacional de envergadura, los Panamericanos de Cali, Colombia (1971), Teófilo perdió en semifinales en cerrada decisión 3-2.

Fuera de las cuerdas Teo era persona ocurrente y jovial, siempre bienvenido a cualquier sitio que arribara. Su sencillez y modestia, enemigo de la adulonería, le hacían granjearse la amistad y el respeto de las personas. Gente de pueblo, de los de a pie, como decimos en buen cubano.

Hace algún tiempo atrás, durante la presentación de un libro de Jorge Alfonso, otro grande del deporte pero del otro lado de la cancha, el periodismo, sin que lo esperáramos, se apareció Teo. Cuando dábamos por terminada la presentación, solicitó la palabra.

Su oratoria, lejos de todo academicismo, con lenguaje de pueblo, resumió lo hecho por la Revolución en el universo deportivo cubano. Y lo decía desde el sitio por el cual nos brotan las cosas más hermosas, el corazón, ese que le jugó la mala pasada.

Pero el músculo dejó de combatir en lo físico. Porque Teo o Pirolo, desde su tamaño de niño grande, es y será eterno campeón de la amistad y las cosas sencillas. (Por Marcos Alfonso, Servicio Especial de la AIN)