Pedro Ramos: Desde Girón, dispuesto siempre

Pedro Ramos: Desde Girón, dispuesto siempre El santacruceño Pedro Antolín Ramos Mugarra tuvo sus motivos para dar un paso al frente cuando la invasión yanqui de Playa Girón. Era hijo de un viejo comunista que estuvo al borde de la muerte, con fecha prevista para irse al otro mundo. Pata de Ganso, un servil asesino de Batista lo tenía en un listado, junto a otros que conspiraban contra el tirano. El triunfo de los rebeldes, guiados por Fidel Castro, impidió que asesinatos, planificados por los sicarios, continuaran en Cuba”.

Fue aquel primero de enero del año 1959, el que dejó atrás la perenne lucha por sobrevivir. Surgía otra etapa para el bien de todos, pero más difícil, como señalara el mismo Fidel. El enemigo no se quedaría conforme al ver surgir una Revolución, declarada Socialista el 16 de abril de 1961.

Cuando se creó la Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR), organización que antecedió históricamente a la Unión de Jóvenes Comunistas, el santacruceño de apenas 18 años laboraba como chofer en la dirección provincial de la misma, en Camagüey. “Todos estábamos empeñados en seguir el fortalecimiento del programa del Moncada. Combatíamos sin tregua la contrarrevolución interna, y sumábamos muchos jóvenes a las tareas productivas y estudiantiles. La efervescencia popular era grandísima, por lo que el odio de los imperialistas se acrecentó, hacían planes y acciones de todo tipo para acabar con esta obra”.

Cuando se anuncia el preludio de la invasión yanqui “me integro a un batallón-indica Ramos- y salimos en caravana hacia el lugar conocido por El Peñón, cercano al aeropuerto Ignacio Agramonte, pero en breves días fuimos trasladados para la Feria Ganadera del municipio Guáimaro, donde estuvimos dos o tres días de fogueo duro. Nos levantábamos a las cinco de la mañana, y nos manteníamos en marcha forzada hasta las 12 del mediodía, sólo nos daban un “diez” para tomar agua…”

Allí se patentizó la resistencia de los milicianos, “los más de 500 hombres aguantamos la prueba. Los cubanos somos más duros que el macao, eso los imperialistas lo saben”.

La retaguardia fue bastión indispensable

En camiones camuflados con ramas de árboles, partieron una madrugada hacia el central Amancio Rodríguez., ya en la zona tomaron rumbo por el camino de Guayabal. “Otra vez estábamos en campaña, el rústico campamento tenía varias garitas para hacer guardia, y se encontraba rodeado de lomas de tierra hechas al parecer con una moto niveladora, las que nos servirían de parapetos si el enemigo atacaba por esa área”.

Las prácticas militares eran a toda hora. “Tanto fueron los ejercicios que nos quedamos descalzos, estuvimos así como 20 días, hasta que por orden del propio Fidel nos abastecieron de botas nuevas. El Comandante en Jefe manifestó que era preferible luchar desnudos pero no descalzos. Imagínese, una espina clavada en un pie sí paraliza a un miliciano”.

Todos querían ir hacia Girón, morir si era necesario por la Patria. El Capitán Alfaro, al mando del batallón donde se encontraba Pedro Antolín, se lo comunica a la jefatura, al máximo líder de la Revolución. “Fidel dijo que todos no podíamos estar allá con él, porque si el enemigo atacaba también por la parte oriental, quién la iba a defender. Comprendimos que era cierto, y aunque no nos encontrábamos en ese combate directo, la misión nuestra era de suma importancia”.

La retaguardia fue en todo momento bastión indispensable. Con la adarga al brazo miles de cubanos en dísimiles partes de la Isla se aprestaron para combatir a los mercenarios si organizaban otras agresiones.

“De forma inesperada nos dieron el mandato estratégico: partimos hacia las lomas de Belén. Tuvimos que construir el campamento, cortamos madera y lo techamos con pencas de guano. Levantamos un polvorín y nos hicimos zapadores. Nadie se podía equivocar, porque explotaba todo aquello, por suerte la tarea la acometimos bien”.

Tras 18 meses movilizados, los milicianos podían decidir voluntariamente si quedarse como soldados de la Patria en las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), el Ministerio del Interior (MININT) o regresar para sus anteriores responsabilidades. “Yo opté por volver a mi puesto de chofer en la Asociación de Jóvenes Rebeldes, luego acometí otras tareas, pero llevo ese ímpetu de la juventud por dentro, el ejemplo de mi padre y sus palabras como estandarte: Por esta Revolución, sí es preciso, hay que dar la vida”.

(Redacción Informativa Radio Santa Cruz)