José Miguel La Paz Carrero siempre quiso ser internacionalista

José Miguel La Paz Carrero siempre quiso ser internacionalistaEl convencimiento pleno de lo que significaba una misión internacionalista de carácter militar para ayudar a liberar a un pueblo hermano, fue asumida con valentía por hombres y mujeres de Cuba en extraordinaria hazaña. La Operación Carlota quedó para siempre en la historia de la solidaridad. La perseverancia durante la lucha de angolanos y cubanos, conllevó a obtener la definitiva libertad de la República Popular de Angola, la tierra rebelde del presidente Agostinho Neto. Santacruceños también protagonizaron la épica gesta.

Fue especialmente la juventud, incorporada de manera voluntaria al Servicio Militar Activo, en la Reserva, las FAR (Fuerzas Armadas Revolucionarias) y el MININT (Ministerio del Interior), la que arriesgó su vida o derramó sangre en combate sin tregua frente a las tropas surafricanas, para poner fin al apartheid.

Durante más de 20 años José Miguel La Paz Carrero engrosó las heroicas filas de las FAR, como especialista en comunicaciones, para mantener informadas “a la jefatura con las unidades subordinadas, tanto en tiempo de paz como en tiempo de guerra”, apuntó.

“Esta misión -afirmó- tuvo siempre una gran importancia para mí, garantizaba la transmisión de órdenes de los jefes superiores a los subordinados a través de los medios técnicos bajo mi mando, pues era jefe de esta especialidad en el grupo de artillería de la provincia de Camagüey, el cual integré durante siete años”.

Varios cursos de superación, incluso estudios superiores en la propia especialidad, lo llevan a ir escalando grados militares por sus excelentes resultados en el cumplimiento del servicio.

Ubicado en la batería de mando del Ejército Central, comienza a dirigir el pelotón de telefonía, “Cumplo después tareas en la agrupación de artillería de una unidad en Limonar. Todo esto me permitía obtener mayores conocimientos como soldado de la Patria”.

Se le suman méritos en la compañía de comunicaciones enclavada en la loma de Fine, en Cárdenas, provincia de Matanzas y en un regimiento de tanques ubicado entre Cárdenas y Varadero, donde “me batí para salir bien en la tarea, tuve el apoyo del jefe del regimiento, el hoy General Rafael Morasén Limonta. Son cosas inolvidables”.

En Corralillo integra, desde su posición de comunicador, una maniobra nocturna de tanques con tiro de combate, atacando blancos establecidos. Se forjaba la estirpe del combatiente.

El Comandante en Jefe dio la próxima misión

Una noticia le llega de inmediato a José Miguel, quien es trasladado a la jefatura del Ejército Central. “Desconocíamos el motivo de la concentración. Habíamos muchos compañeros de la raza negra, pero no se sabía nada. Pasado unos días nos fueron realizando entrevistas de manera individual relacionada con nuestra disposición para cumplir misión internacionalista. Nadie dio una respuesta negativa”.

El entrevistado sigue un orden cronológico: memoriza cada detalle. “Nos transportaron hacia la escuela de cadetes de San Antonio de los Baños, donde permanecimos varias semanas recibiendo diversos tipos de preparación hasta el 13 de octubre de 1975, fecha en que fuimos llevados para el teatro de La Cabaña, donde nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro, junto a Raúl, altos oficiales, miembros del Buró Político y del Comité Central, nos da la misión para la colonia portuguesa de Angola”-

Junto a otros compañeros de las FAR, navega hacia la dirección señalada el teniente La Paz Carrero, en composición de jefatura de batallón y numeroso personal de aseguramiento.

“El grupo donde me encontraba estaba integrado por 60 camaradas. Formaríamos dos CIR (Centros de Instrucción Revolucionaria). Cada CIR prepararía dos batallones para impartir cursos a los hermanos angolanos, con duración de cuatro meses. No pudimos cumplirlos en su totalidad porque el primero y dos de noviembre de ese propio año tuvimos el primer encuentro con una columna del ejército surafricano. La alternativa fue ordenar la retirada, pues nos superaban en fuerzas y medios. Sólo poseíamos fusiles AKM y los bisoños soldados angolanos fusiles M-52”.

Desde la ciudad de Benguela avanzan en camiones hasta Nuevo Redondo, en la costa sur. “El día 11 al celebrarse el Día de la Independencia de Angola fuimos otra vez atacados. Ofrecimos resistencia, pero la potencia de fuego del bando contrario era superior. Nos ubicamos en el puerto de Ambuín, a 240 kilómetros de Luanda. Entonces recibimos la orden del jefe de la misión General Raúl Díaz Arguelles, de resistir hasta las últimas consecuencias. Como las fuerzas y medios seguían a favor del enemigo, volamos los dos puentes del río Quebe, evitando así el paso de esas fuerzas”.

Allí recibieron la triste noticia de la caída en combate del General Díaz Argüelles. “Para todos los cubanos y para los propios angolanos que conocían la trayectoria de este jefe, su muerte golpeó duro, pero nadie perdió el ánimo combativo, porque donde estaba el peligro allí se encontraba el General Argüelles”.

La tropa internacionalista había sido reforzada en hombres, armamentos y B-21, aviones de combate a los que los UNITA le tenían mucho miedo.

“Ya con vistas a la ofensiva final-subraya José Miguel- a mediados de enero de 1976 fuimos hacia Quibala, para la constitución de nuevas columnas. Marché en la vanguardia de la ofensiva, desde Alto Hama hasta tomar Nueva Lisboa (hoy Wuambo). Continuamos a Robert William, sin combatir. Los surafricanos retrocedían en masa por Chiripa, Catata. En este último poblado hubo un tiroteo con un grupo de UNITAs que habían dejado allí engañados, cogieron el monte en fuga, les hicimos un disparo con un cañón 85”.

En Caconda establecen un combate algo más fuerte, durante 20 minutos. “La antena de mi radio fue partida en dos pedazos. Un periodista de apellido Casas iba filmando, con parte del cuerpo fuera de la tanqueta, le pedí se cubriera, de lo contrario perdería la vida y no iba a poder continuar la filmación. Me hizo caso”.

Emplazados a la salida de Caconda, los soldados de la patria de José Martí, firman la Constitución de la República de Cuba de 1976.

“Hasta casi finales de marzo permanecimos en Cahama, luego hacia Humbe, como medida de seguridad, ya que el día 27 del propio mes el General Leopoldo Cintras Frías, firmaría los acuerdos de paz con los surafricanos. Retornamos a Cahama, hasta darse por cumplida la honrosa misión internacionalista”.

El Mayor La Paz, es retirado de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. Al quebrantarse su salud le fueron amputadas ambos miembros inferiores: “Pero la voluntad de defender nuestras conquistas sigue inquebrantable como el acero. Sigo llevando la fuerza en el brazo como el Titán de Bronce Antonio Maceo. He estado imbuido del espíritu del Che. Siempre quise ser internacionalista”.