Fábrica camagüeyana, soporte vital para programas agrícolas

 
El tornero Pedro Morilla sigue de cerca las operaciones del estudiante Yasmani García
 

Con cerca de siete décadas de fundada y única de su tipo en Cuba, la Fábrica de Bombas de Agua Alejandro Arias, de Camagüey, rejuvenece su infraestructura técnica y productiva, a tono con las exigencias, demandas actuales y perspectivas del desarrollo agropecuario del país.

Si bien la inversión ejecutada hasta ahora no cubre todas las necesidades de esta industria, resulta inobjetable el cambio que se observa en favor de la productividad, de la calidad del producto terminado y, sobre todo, de humanizar las condiciones de trabajo.

El ingeniero mecánico Guillermo Piñeiro Libera asegura que la entidad que dirige, perteneciente a la Empresa Metalúrgica de Camagüey, dispone hoy de una situación mucho más favorable para cumplir los compromisos pactados en la producción de equipos de bombeo con destino a la agricultura.
 

  La modernización de los tornos automatizados multiplica la productividad de la fábrica
  La modernización de los tornos automatizados multiplica la productividad de la fábrica

"Aquí fabricamos tres tipos de bombas manuales que se expenden a los campesinos e incursionamos en la elaboración de sistemas de riego para una y cuatro hectáreas de tierra, con la particularidad de que se entregan con todos los aditamentos para facilitar el proceso de montaje en las áreas agrícolas."

De concretarse la entrada a tiempo de los motores eléctricos y demás accesorios imprescindibles —explica el directivo—, no existe inconveniente alguno para garantizar los surtidos previstos para este año y triplicar en el 2012 los niveles productivos, pues solo en sistemas de riego ya existen contratos firmados por 3 740 unidades.

El arte del buen fundir

Ubicada en el local original de la antigua fábrica Steere (1944), la fundición constituye el primer paso en la conformación de las bombas de agua, "es el lugar donde se decide la calidad", como la define Ortelio Pimentel Ramos, jefe de la brigada de moldeo.

"Este es un oficio, afirma, que se aprende a pie de horno y la experiencia solo se adquiere con el paso del tiempo. No basta con hacer una buena plantilla si durante todo el proceso no se tienen en cuenta la adecuada selección del metal, la temperatura de fusión o la rapidez con que se vierte el líquido en el molde."

Esas son "mañas" que se transmiten de generación en generación a través del hacer cotidiano y de otras iniciativas dirigidas a mantener viva la tradición de buenos fundidores, que los distingue dentro de la industria sideromecánica.

"El trabajo aquí es duro de verdad, pero se hace", comenta Ramón Beltrán Ramírez, experimentado jefe de brigada, con una encomiable trayectoria de 27 años "fajado" de tú a tú con los hierros, en medio de las altas temperaturas, el polvo y la agotadora manipulación manual de los metales.

"Hoy la situación es otra: se incorporó un cargador frontal para el trasiego interno de los materiales, que hasta ahora se hacía en carretillas, se ubicaron dos grúas viajeras y se mejoró el sistema de calentamiento de los hornos, entre otras acciones que permiten ganar en eficiencia y reducir los niveles de contaminación."

Ceden terreno los "caballos de batalla"

El taller de maquinado y ensamblaje constituye otro de los puntos neurálgicos de la Alejandro Arias: allí es donde realmente cobran "vida" las bombas de agua y reciben el acabado final para ponerlas a disposición de los clientes. Solo que, ante la creciente demanda, sus viejas máquinas resultaban insuficientes.

"Imagínese, todavía contamos con cuatro tornos de finales de los años cuarenta del siglo pasado, que han sido por mucho tiempo nuestros ‘caballos de batalla’, son muy fuertes, pero ya necesitan ser reemplazados", comenta el ingeniero Daniel Bejarano Paredes, al frente de ese colectivo.

Se decidió invertir entonces en la modernización del área donde se ubican los tres tornos con mando programado, los cuales, en plenitud de forma, resultan más productivos, ejecutan una amplia gama de piezas de diversa complejidad y con una garantía de defectuosidad casi nula.

A ello se añade la construcción de un laboratorio o banco de pruebas, en fase de puesta en marcha, que verificará de manera digital los principales parámetros de las bombas (consumo, caudal, carga, ruido, vibraciones, temperatura), elevará la fiabilidad del producto terminado y ofrecerá, además, servicios a terceros.

"Nuestros equipos son de buena calidad y muy resistentes. Si no hay una avería o mal manejo, duran 20 años tranquilamente", ratifica Piñeiro Libera, el director, quien junto a Daniel Bejarano y a otros especialistas no ocultan el orgullo de trabajar en la fábrica una vez graduados como ingenieros, hace más de dos décadas.

Forjar el relevo en casa

Ese fue, quizás, el legado que les dejaron los fundadores y veteranos de la Alejandro Arias, entre los que se cuenta en activo Rafael Álvarez Jiménez, quien se inició como mecánico de taller en 1965 y ya olvidó la cuenta de cuántos obreros ha formado en el empleo de las máquinas- herramientas.

"Todavía, a mi edad, parece que hago falta", dice sonriente, sin dejar de observar a Reinier Rivero Salomón, joven ingeniero recién graduado de la Universidad de Camagüey que se adentra ahora, con especial interés, en los secretos y posibilidades de los tornos automatizados.

Muy cerca de allí, otro grupo de 15 muchachos que estudian en el Instituto Politécnico Industrial Manuel Cañete Ramos, completan la preparación adquirida a través de las llamadas aulas anexas, que aprovechan la base técnica instalada de la fábrica y la experiencia de los operarios en el orden práctico.

"Aquí hay oficio suficiente para garantizar que estos jóvenes adquieran las habilidades necesarias y puedan ser nuestros relevos en un momento determinado", asegura el tornero Pedro Morilla Suárez, mientras entrena al estudiante Yasmani García Céspedes en la elaboración de niples para las bombas sumergibles.

Mucho ha llovido desde octubre de 1959, fecha en que los antiguos dueños, los hermanos Raimundo y Máximo Steere, se entrevistaron con el Comandante Ernesto Che Guevara, como ministro de Industrias, para donarle la fábrica al Estado cubano e incorporarla a la producción estatal.

Desde entonces no han sido pocas las transformaciones ocurridas en la infraestructura técnica de la Alejandro Arias; sin embargo, se mantiene intacta una tradición bien enraizada de amor al trabajo y vocación casi exquisita por la calidad de sus producciones.

(Miguel Febles Hernández/Tomado de Granma)