La ternura de un padre se agradece eternamente

Muchos, quizás por ser muy jóvenes, no quieren verse en el rol de padres. Pero cuando les llega el momento no todos asumen, como debieran, esos primeros años tan decisivos en la crianza y educación de las niñas y los niños.

Luego, pasados los años, pretenden recuperar el llamado tiempo perdido. Pero al no ser capaces de sembrar dedicación y amor en el momento adecuado, les toca recolectar rechazos de los  que siendo bebés no quisieron atender. Quedan entonces, por ley natural, sin derecho a reclamaciones.

Nadie, como expresa el refrán popular, escarmienta por cabeza ajena, por suerte son los menos. Llegada la vejez los que desatendieron con la mente llena de prejuicios buscan el auxilio de los hijos tirados al olvido. ¡Oiga!, quien no dio cuando fue llamado no tiene posibilidad a demandar ayuda a la entrada del ocaso.

Si estuvo o no planificado el embarazo porque existió ausencia de condón o algún otro método anticonceptivo, no es cuestión para remediar con incorrectas desavenencias luego.

Fusta recogerá quien siembre fusta. Besos recogerá quien siembra besos escribió José Martí, un padre que amó mucho a su José Francisco (El Ismaelillo). Aunque no pudo tenerlo a su lado cuánto quería por su entrega a la causa independentista de Cuba.

Desde la distancia supo el Apóstol dar ejemplo, en actuar justo y honrado, a su pequeño Pepito. Para él buscó la hora más luminosa para escribirle cariñosas misivas.

Las buenas cualidades llegadas del padre se funden en los genes de sus retoños. La ternura del progenitor magnífico protege mientras vive. En el recuerdo bien llevado queda el agradecimiento.