Ignacio Agramonte: el hijo idolatrado de Camagüey

El 23 de diciembre de 1841 es una fecha de orgullo para los camagüeyanos, pues ese día nació en la ciudad de Puerto Príncipe quien unos años después se convertiría por la fuerza de su inteligencia y valentía en uno de los principales líderes independentistas de Cuba: Ignacio Agramonte y Loynaz.

De familia sin estrechez económica, la niñez del futuro Mayor General del Ejército Libertador fue tranquila. Estudió en su Camagüey y en 1855 viajó a Barcelona, España, para continuar su educación hasta su regreso a Cuba en 1857.

Ingresó en la Universidad de La Habana, en la Carrera de Leyes, y fue investido como Licenciado en Derecho Civil y Canónico el 11 de junio de 1865.

En el antiguo Convento de Santo Domingo, el 22 de febrero de 1862, en un ejercicio académico sabatinal, desarrollo un discurso que en varios momentos se refirió con el término de “régimen español” al Gobierno colonial, y habló también de la falta de libertades, de derechos y de justicia, y al final señaló abiertamente la necesidad de un cambio revolucionario de la sociedad en Cuba.

Luego de ejercer como Juez de Paz en el barrio habanero de Guadalupe, el joven Agramonte retornó a su Camagüey, y el 1ro de agosto de 1868 contrajo matrimonio con la bella y culta principeña Amalia Simoni Argilagos. En los meses posteriores fue uno de los conspiradores más activo y respetado contra el colonialismo español.

La clarinada independentistas del 10 de octubre de 1868 protagonizada por Carlos Manuel de Céspedes en el oriente de Cuba, la secundaron los camagüeyanos el cuatro de noviembre que también se lanzaron a la manigua redentora.

Agramonte no estuvo en el grupo que abrió la campaña libertaria en el Camagüey. Permaneció en la ciudad unos días más en tareas revolucionarias hasta el 11 del mismo mes que se integró definitivamente a las filas mambisas.

Comenzaría una ascensión constante en bien de la Patria. Sobresalió en la Asamblea Constituyente de Guáimaro en abril de 1869 y fue el jefe militar respetado, aguerrido y disciplinado que invocaba con el ejemplo y organizó una de las fuerzas independentistas más victoriosa y temida por el Ejército peninsular.

Cuando cayó en combate el 11 de mayo de 1873 en el potrero de Jimaguayú, al sur de Puerto Príncipe, Agramonte estaba en la cúspide del ideal independentista sin haber cumplido apenas los 32 años de edad.

Quienes lo conocieron y compartieron con él el amor a la Patria y los rigores de la guerra, lo calificaron con diferentes expresiones, cada una de elogio a su grandeza.

Sus soldados lo llamaron sencillamente “El Mayor”, a pesar de su juventud, y Céspedes se unió "al tributo de admiración que Cuba rinde a las hazañas de su heroico hijo".

Incluso el periódico reaccionario El Fanal, que circulaba en Puerto Príncipe, no pudo esconder la realidad cuando escribió a su muerte: "…la figura más prominente, el jefe más caracterizado, el caudillo más tenaz y animoso de la insurrección".

Después José Martí, el Apóstol de la independencia de Cuba, lo identificaría con meridiana justeza: “Diamante con alma de beso.” (Foto: Portal Príncipe)