Estocolmo suma a sus colmos el de Ciudad Inteligente 2019

Estocolmo, 23 nov.- La capital de Suecia disfruta su reciente premio de Ciudad Inteligente 2019, que destaca a las urbes inclusivas, sostenibles y conectadas.

 

La distinción entregada cada año por el salón de Ciudades Inteligentes de la Exposición Universal de Barcelona, galardona a estrategias que apuestan por la innovación, la calidad de vida y el trabajo por el mejoramiento del medio ambiente.

El jurado consideró superior la iniciativa ‘Ciudad inteligente y conectada: inclusiva, sostenible y próspera’, presentada por Estocolmo, que privilegia la conectividad en función de sus ciudadanos y de la optimización de los ecosistemas para los negocios.

La decisión tuvo en cuenta, sobre todo, el contexto global de desafíos que enfrentan la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y el Acuerdo de París para el enfrentamiento al Cambio Climático.

El premio se suma a los tantos otros detalles de la ciudad, capital de un país como Suecia, referente mundial en políticas educativas, inmigratorias y de conciliación laboral, una nación a la que con frecuencia se recurre a la hora de mencionar paradigmas de ‘las cosas bien hechas’.

Algunos de sus números son impresionantes. Gracias a su propia versión del Estado de Bienestar, la nación escandinava ocupa el puesto 14 en el ranking planetario del Índice de Desarrollo Humano (IDH), que mide la calidad de vida de los habitantes.

Suecia, además, disfruta de una ‘tasa de privación material’ de tres por ciento, la más baja de Europa según datos de 2016 de la Oficina Europea de Estadística.

Los colmos tocan otras áreas, como la agenda de género. En Egalia, un jardín infantil del distrito Sodermalm, de Estocolmo, tiene lugar uno de los casos más radicales para promover la igualdad; reemplazaron los pronombres personales él/ellos y ella/ellas por el neutro hen, incorporado a su diccionario en 2015.

En el ámbito laboral ocurre algo parecido; el sindicato más grande del país implementó una línea telefónica directa a la que se puede acudir ante casos de mansplaining (man: hombre; explaining: explicando). O sea, cuando un hombre es condescendiente con una mujer y le ‘explica cosas’ bajo la suposición de que, por su sexo, las desconoce.

Hay colmos que le aseguran a la capital sueca otros records. La socióloga del Consejo Nacional para la Prevención del Delito de Estocolmo, Klara Selin, explicó que ‘si una mujer va a la policía y dice que su esposo o novio la violó casi todos los días durante el último año, la policía tiene que registrar cada caso por separado, unos 300 eventos. En muchos otros países sería uno solo’.

Lamentablemente, más allá de la burocracia evidente, el dato no siempre ha sido tomado en cuenta cuando se reportan alarmantes cifras de abusos en Suecia.

En 1972, el gobierno socialdemócrata de Olof Palme publicó un manifiesto titulado ‘La familia del futuro: una política socialista para la familia’, en el que reflexionaba sobre cómo debían ser las relaciones ideales entre los individuos y establecía directrices sobre el concepto tradicional de familia.

Su tesis establecía que ‘toda relación humana verdadera debe sustentarse en el principio de independencia entre las personas’. Los diseñadores confiaron en que tal sistema generaría relaciones honestas y desinteresadas que aumentarían el bienestar de las personas.

Sin embargo, 40 años después es evidente que el experimento no dio los resultados esperados y entre sus colmos el 40 por ciento de los suecos admite sentirse solo, el 50 por ciento vive solo y el 25 muere en total soledad, sin que nadie reclame sus restos.

Los datos, registrados por un estudio de la Oficina Central de Estadísticas de Suecia en 2016, han sido considerados por el Gobierno inquietantes. Y no es para menos. Entre sus colmos, los suecos no podrán vanagloriarse de contar con un modelo de sociedad feliz.