En Santa Cruz del Sur un vigoroso longevo pronto arribará a los 104 años

En Santa Cruz del Sur un vigoroso longevo pronto arribará a los 104 añosA la madera dura no la doblega el comején, dice un hombre a quien los años no parecen hacerle estragos. Para Santa Cruz del Sur lo trajeron sus hijas, cuando la centuria le había restado fortaleza física, imposibilitándole atender un productivo cafetal en el intrincado sitio: Frío de Nagua, allá por los lomeríos de la Sierra Maestra., en la región más oriental de Cuba.

Junto a Francisco Perdomo Torres, continúa la inseparable novia, la que enamoró con trinada voz de monte. Entonces Juana Cutiño Guerra, tenía tan solo 12 años.

“El estaba dándole de beber a unas bestias en un arroyo, mamá se adelantó y al quedarme algo rezagada, el treinta y picote no perdió tiempo, declarándose atraído por mí. La vigilante progenitora se interesó sobre el breve monólogo del atrevido joven. “Le confesé la verdad sobre el “arranque” amoroso, pero aseguré, no haberle respondido nada”.

En finca cercana a la pretendida niña, vivía el insistente campesino. “Cada vez que pasaba por su casa y la veía, le cantaba décimas bien amorosas. Al cumplir ella los 13 de edad, sí decidí hablar con el padre. Recuerdo me quité el sombrero, lo puse delante del pecho y le dije: Yo quiero a su hija Juana… y aceptó, visitara la casa”.

La esposa agacha la mirada, por la tez oscurecida se eleva un torbellino sanguíneo, sonriendo, luego, moderada. “Las visitas eran solamente dos veces por semana. No había besos, agarraderas de manos, ni cuchicheos; mamá, papá y mis hermanos, nos acompañaban todo ese tiempo en la sala, sentados en unos taburetes”.

Los tórtolos no dieron chance a deteriorar los rústicos muebles. En cuanto la prometida se tornó quinceañera, “la pude montar en la zanca de un mulo, volviéndola mi esposa”.

Las tablas de palma y el guano, le posibilitaron armar con suficiente anticipación el nido matrimonial, independizándose Perdomo de los parientes cercanos. A raudales nacieron diez críos, seis de los cuales dieron el primer llanto en los brazos de una reconocida comadrona en la zona, el resto nació en el hospital Río de Yara, en Bartolomé Masó, provincia Granma.

“A los primeros se les retiró el cordón umbilical empleando un machete, destinado a tal fin; éramos demasiado pobres. Tuvimos el infortunio de perder a uno de los varones, siendo pequeño”, recuerda Juana.

78 y 103, aunque son calendarios bien avanzados en sus existencias no les sustrae fuerzas para arrullarse. “Nos queremos más. Quien se casa en la Sierra Maestra, no se separa jamás de su pareja. Ya no tenemos edad para vivir tan distanciados pero extrañamos aquellas lomas, donde fui práctico del Ejército Rebelde y cocinero en la tropa del Comandante Ernesto Che Guevara”.

El crisol del primero de enero de 1959, lo califica como la victoria de los sin nada. “Fidel ha dado al pueblo todo lo que necesita. Soy diabético, sin el auxilio de los médicos ya me hubiera muerto. No pago un peso por recibir esa atención. Cuando acudo a ellos recibo trato respetuoso, antes no era así. Todos los medicamentos necesarios los tengo a la orillita de la cama. Ningún doctor me explota”.

La adicción al cigarro y el café ha conseguido disminuirla. “Ya uno se va limitando. La gente que me rodea no quiere verme mal. Es mejor nadar a favor de la corriente”.

Van cogiendo tamaño los achaques, “sin dejar de mantener enlazados nuestros corazones hasta que Dios quiera”, confirma la consorte. “Sigo seducida por este hombre, aunque viejecito, hace latir las alegrías. Tendremos otros 60 años inseparables en cualquier lugar de este mundo”.

Ambos llevan en los sentimientos los premios ganados, por tanta entrega a la familia. “Si hoy me siento como un roble, es también por eso amor tan bonito que nos profesamos y recibimos mi esposa y yo. Nunca le pudimos dar a nuestros hijos abundantes cosas materiales, incluso ni muñecos, los obtuvieron después del triunfo de la Revolución, cuando una avioneta lanzó juguetes a la Sierra…”

Juana y el resto de los seres queridos, atestiguan, le celebrarán el onomástico 104 a Francisco, el venidero 21 de octubre. El con desprendimiento natural manifiesta al reportero: “Su pedazo de cake estará asegurado por diez años más… A la madera como la mía, tenga presente, no la invade el comején”. (Raúl Reyes Rodríguez/ Radio Santa Cruz)