Esposa de uno de Los Cinco sufre también injusticia estadounidense

Esposa de uno de Los Cinco sufre también injusticia estadounidenseA Rosa ya se le acabó el tiempo. El implacable reloj biológico determinó el fin de su capacidad femenina para engendrar la vida y darle la alegría de un hijo a su esposo, Fernando González, a quien todavía le restan cinco años para ver la aurora nuevamente.
  
Y ella, aunque trasciende a simple vista la fortaleza de su carácter, no pudo disimular las lágrimas y el temblor de la voz cuando, en reciente encuentro con mujeres economistas en la ciudad de Camagüey, admitió la resignación ante la pérdida de la posibilidad de ser madre.
  
Fernando es uno de los Cinco Héroes cubanos presos injustamente en Estados Unidos, condenados en juicio parcializado, sin pruebas para justificar las excesivas penas de privación de libertad impuestas.
  
En 2008, la Corte de Apelaciones de Atlanta reconoció la inexistencia de evidencia de obtención ni transmisión de información secreta o de defensa nacional, en el caso de los acusados del cargo de conspiración para cometer espionaje.
  
La declaración de ese órgano determinó el ajuste en las sentencias de tres de Los Cinco, entre ellos Fernando, tras la ratificación de otros cargos por los cuales las condenas son igualmente desproporcionadas.
  
No obstante de las múltiples violaciones legales cometidas durante el proceso y la petición universal de personalidades como 10 Premios Nobel, cientos de legisladores de diversos países y funcionarios de organismos internacionales, la Corte Suprema de los Estados Unidos se negó a revisar el caso en 2009.
  
Aunque el reclamo de justicia para Gerardo Hernández, Ramón Labañino, Fernando González, Antonio Guerrero y René González recorre el mundo, este segundo domingo de mayo sus madres y esposas sufrirán la ausencia de sus miradas, los abrazos y felicitaciones.
  
Rosa Aurora reconoce el papel otorgado por la historia al convertirse en la esposa de un Héroe de la República de Cuba, pero añora aquellos días cuando Fernando era simplemente el hombre del que se enamoró, su héroe personal.
  
“Para mí fue muy traumático renunciar a tener hijos, porque quería hacer trascender ese amor en un ser de carne, hueso y sangre”, refirió emocionada Rosa Aurora Freijanes, mientras Adriana Pérez, cónyuge de Gerardo, sostenía sus manos para animarla a seguir adelante.
  
Así sobreviven esas mujeres a la separación de sus parejas en la vida, y la unión entre ellas las hace más fuertes para llevar el reclamo a todas las instancias posibles, pues -como aseguró Adriana, quien tampoco es madre aún- la solidaridad con la causa de Los Cinco es la garantía para su liberación.
  
Ojalá dentro de unos años esta crónica lleve el nombre de Adriana, pero no porque el imperio le arrebató también el milagro de la vida a su vientre, sino porque ella y Gerardo lleven de la mano a su pequeño duende, que conozca solo como historia lejana todo el sufrimiento que soportó su mamá. (Por Lianet Leandro López, AIN)