Dos latidos y un alma: Cuando el arte es más grande que la política

54 Ray Chew da vueltas en el escenario mientras los músicos ensayan. Se sienta en el piano, toca, se levanta. Él es el hombre orquesta. Sus pies no logran estarse quietos por un instante. Parece estar en una permanente búsqueda de perfección y armonía. Asiente con la cabeza y tira “su pasillo” al compás de lo que suena.

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