Paciente dialítico: La vida es oportunidad y hay siempre que agradecer

Santa Cruz del Sur, 19 sep. – Con impotencia golpeó las paredes del hogar con los puños y la cabeza. No admitía lo que el médico le había diagnosticado. Una insuficiencia renal terminal se asentaba irreversible en los riñones de Carlos Alpízar Yanes. “Recibir ese dictamen fue muy desagradable para mí hace nueve años. Ya estoy en los 49”, dice en tono animado.

Descuidar la hipertensión arterial le acarreó el menoscabo de su salud. Varios síntomas lo obligaron a buscar la ayuda especializada, que inicialmente rechazaba. “Comencé a sentir pérdida de apetito, aparecieron edemas en las piernas y manos, además se me inflamó del rostro. El susto cercó mi aguante; cuando fui a atenderme requería un tratamiento distinto al que imaginaba”.

Es remitido a la consulta de Nefrología en el hospital provincial “Manuel Ascunce Domenech” de Camagüey. Otros nuevos estudios confirmaron el primer veredicto.

“Los médicos hablaron conmigo claro, si no recibía en día alternos la hemodiálisis moriría pronto. Mi cuerpo se cubriría de toxinas… Acepté el procedimiento”, por el apego tan grande que siente, aseveró, por sus tres grandes amores: el padre, la esposa y los tres hijos. “Ella y yo tuvimos dos varones con anteriores matrimonios y una hembra nacida de nuestra relación. A todos los adoro”.

El que por bastante tiempo fue chapistero en la empresa dedicada al cultivo del camarón en Santa Cruz del Sur, volvió a conocer la grandeza de la Revolución.

“Cada tratamiento con riñones artificiales cuesta 800 dólares en un país capitalista, sin embargo, los pacientes que lo recibimos no pagamos una peseta. Los medicamentos y hasta el taxi para llevarnos al tratamiento y traernos para la casa son también gratuitos. Ese privilegio lo tenemos. Por ninguna enfermedad se paga en un hospital de Cuba”.

Las enfermeras y los doctores, advierte, lo tratan amablemente. “De esa misma manera es con el resto de los enfermos. No hay privilegios. Todos recibimos la eficiencia del proceso. Antes de comenzar la hemodiálisis se nos pesa, miden la presión arterial, la temperatura, luego se desinfecta el área de la fístula o el catéter. Se inicia entonces el proceder requerido para que el riñón artificial haga sin dificultades el procedimiento de la diálisis. Al terminar nos dan la proteína que necesitamos”.

Durante 21 años de matrimonio Carmen Viltres Díaz ha sido reciproca en compresión, lealtad y respeto. “Nadie es perfecto, sólo el amor, como dice la canción, engendra la maravilla. Nos hemos ido moldeando el uno al otro. Tenemos una preciosa hija que ve por los ojos de Carlos; la niña estudia en la escuela pedagógica “Nicolás Guillén Batista” de la capital agramontina. Será maestra”.

Alpízar cumple cada una de las orientaciones médicas estrictamente. Las medicinas y los alimentos los lleva al pie de la letra, sin salirse de la rigurosa dieta. “Si hago desarreglos me sube el potasio, el ácido úrico, el colesterol. Cuando tengo mucha sed cojo traguitos de agua fría y los expulso, de lo contrario tomo un baño de agua fresca para atenuar ese deseo”. Tampoco puedo beber líquidos en exceso, sólo en pequeñas dosis”.

Le fue mejorado su modo de vida al entregársele un apartamento en uno de los edificios multifamiliares del tipo gran panel levantados por los hombres del contingente “Ignacio Agramonte”. “Es otra complacencia inmensa que se hará mayor el día que reciba el transplante de rinón. Ya estoy preparado, ahora es cuestión de espera”.

En esta localidad otros 22 pacientes (dos son mujeres, vecinas de las comunidades rurales La Jagua y Macuto) son asistidos con igual esmero a través de la asistencia científica-tecnológica. Ningún recurso se le restringe a estos aquejados: propósito sistemático de la Salud Pública cubana. La vida es oportunidad y hay siempre que agradecer.