Octogenaria santacruceña reaviva recuerdos en aniversario de organización femenina

La enfática cadencia se la coloca a cada vivencia. La voz detalla el pasado y el presente sin añadir siquiera una palabra demás. Diana Puértolas Suárez, fue maestra, miliciana y sigue siendo miembro de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC) en este territorio.

En la escuelita rural de Yaguabo Tres, ubicada en los predios del santacruceño poblado Macareño (hoy Haití), inicia la bisoña educadora la digna labor en 1958. “Le daba clases de primero a sexto grado a los hijos de familias campesinas”.

Al acontecer lo esperado por los humildes: la victoria absoluta el primero de enero del siguiente año, comenzaron a producirse los cambios que la fémina de igual manera tanto deseaba. En beneficio de ese resultado contribuyó decidida a sabiendas del peligro que la tarea entrañaba.

“Mi tío Algérico Lara Correa caído en combate durante la emboscada hecha por la tiranía batistiana a la Columna del Ejército Rebelde número 11 Cándido González, en Pino Tres, era uno de los hombres del Movimiento 26 de Julio (M-26-7) en esta zona”.

Él le pidió a ella que buscara dos compañeras de confianza para recoger medicinas y alimentos enlatados. “Nuestra misión era llevar todo eso para la iglesia católica aprovechando las misas de los domingos.

En uno de los departamentos del templo dejábamos todo eso. Nos imaginábamos que esas cosas se destinaban a la lucha que libraba el máximo Líder Histórico en las montañas orientales”.

También la fémina confeccionaba brazaletes de esa tendencia ideológica, apoyada en Odelinda Puértolas Molina, hermana de su padre. “Juanín Lara Correa le colocaba después las letras”, detalló.

Las transformaciones del triunfo llegaron a Yaguabo. “Participé en la Campaña de Alfabetización. Atendía seis alfabetizadoras, tres “Conrado Benítez” e igual cantidad pertenecientes a las brigadas Manuel Ascunce Domenech. Por las noches enseñaba a leer y escribir a los mayores de 16 años. En esa zona tuve el orgullo de convertirme en fundadora de la FMC”.

Esta pedagoga, ya jubilada, aprendió en su juventud a defender la tan codiciada Isla por el imperialismo yanqui, otrora neocolonia. “Formé parte de las milicias revolucionarias constituidas en la localidad. Llevé el uniforme no para ser una más: Aprendí a marchar, disparar, así como a desarmar y armar los fusiles. Todavía a estas alturas si tengo que ponerme las botas de miliciana lo hago con la misma celeridad de antes”.

Al Comandante en Jefe al que todavía llora, Diana le ha dedicado sonetos. “Los titulé A Fidel, A un clavel, Himno de la vida y a Mi clavel. Cuando veo sus imágenes por la televisión lo creo vivo, deseo pensarlo así porque él es el clavel de la estrella invencible”.