Los juegos desarrollan habilidades de pequeños en Círculo Infantil santacruceño

El pequeñín imagina el tono telefónico en el auricular. René Hernández Olazábal del quinto año de vida alza la vocecita, haciendo saber que conversa con su progenitora: “¡Mamita!, me comí toda la merienda. Voy a jugar… Un besito”.

La actividad lúdica es la razón de ser del proceso educativo en el círculo infantil (CI) Luis Aldana Palomino, de esta localidad, al igual que en las instituciones cubanas de este tipo. Los juegos también irrumpen a plenitud en los salones de los dos CI santacruceños enclavados en los poblados Haití y Cándido González.

A través del esparcimiento organizado, planificado, los niños de ambos sexos se forman integralmente, siendo vital los juguetes que emplean. No son un lujo, devienen en necesidad para los de la edad de oro, tan indispensables como la alimentación y el descanso.

“Los juegos son primordiales en la edad preescolar, donde se producen cambios en su desarrollo psíquico y social”, señaló Yanelis Peña Mejía, directora del “Luis Aldana Palomino”.

Daimel Enamorado Rondón sujeta entre las manos la reluciente ambulancia. “Si alguien quiere que lo lleve al médico, arranco el carro así: ¡Ran, rannnnnnnnn! Corre mucho”, expresa vivaz.

“Este peluche llora cuando tiene sueño. Ya le di la papita. Le voy a cantar la Vaca Lola para que cierre los ojitos”, manifestó la risueña Laiyami Marzán Naranjo.

Saber conducir a estos príncipes enanos y reinas de las fantasías a través de la ternura, los mimos, los valores humanos es el deber cotidiano de las educadoras. “Los adoro, ante todo, para lograr lo que usted periodista acaba de referir”, dijo Arleti Cañete Morales.

Yurmi Sánchez Abreu, les habla de algunos animales a través de láminas. “Después los enseñaré a emitir el sonido de las especies que les he mencionado. Se van a divertir. Es algo nuevo para ellos”.

Con el busto de José Martí enlazado por cándidas miradas recibió el reportero un hasta siempre de varios de los 151 chiquilines del CI situado en la cabecera municipal. Sus alegrías hacen palpitar en nosotros los adultos el infante que en realidad somos.