La sencillez, mayor grandeza de combatiente militante santacruceña

Santa Cruz del Sur, 8 May. -Seduce maravillosa desde que coloca el primer vocablo para contar pasados sucesos personales. Mueve afirmativa las manos temblorosas, mientras la voz mantiene los fundamentos, savia de sus 90 años y medio.

María Margarita (Margot) nació en 1926, cuando a octubre le quedaban seis días de existencia en el calendario. En la finca Voladora, cercana a la comunidad Carcajal de la provincia de Matanzas, vivió desde pequeña con los abuelos maternos. Allí vio en sus fantasías infantiles, iluminados por los ojitos de los cocuyos nocturnos, germinar sueños inalcanzables.

En busca de la prosperidad económica los ancianos se trasladan hacia el batey Santa Martha (hoy poblado Cándido González), de esta localidad, donde vivía la madre de la pequeña. “Nos establecimos en la colonia cañera propiedad de Joaquín Brau”. Después de casarse residió en el barrio Cayo Confite, de igual comunidad, “Donde nacieron mis cuatro hijos varones”.

Su esposo Rigoberto Aguilar Sosa y ella eran colaboradores del Movimiento 26 de Julio (M-26-7). “Las primeras banderas y brazaletes rojos y negros, que confeccioné para la lucha clandestina,  él se encargó de detallármelos”.

El peón de vía y obra del ingenio Santa Martha (otrora Cándido González), garantizaba el sustento del hogar, pero a la vez recogía armas entre los campesinos para apoyar la tropa del Ejército Rebelde al mando del Capitán Conrado Benitez, acampada en los  copiosos montes de Meso, en la zona de Cuatro Compañeros.

En dos oportunidades la guardia rural le puso “boca abajo” la morada de María Margarita Alfaro Sánchez y Rigoberto. “A las seis de la mañana nos tiraron de la cama, pero por mucho que revisaron no encontraron absolutamente nada comprometedor.

Yo cocía de noche las  prendas. Las escondía entre las pencas de yarey del techo de mi vivienda. Mantenía en ese horario la plancha calentando en el fogón de carbón y  la ropa remojadita, para disimular, en caso de que la rural decidiera volver”.

Después Benitez le mandó a pedir la confección de otro modelo de gorras verde olivos. “Las piezas de la propia tela protegían la nuca y parte del rostro de sus subordinados, pues el azote que le daban los  mosquitos a esa gente era tremendo”.

La aurora del enero que encabezó el 1959, condujo a colosales transformaciones sociales y políticas en la Isla. “Se crearon los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), casi de inmediato también surgió la Federación de Mujeres Cubanas (FMC).

“Tuve el privilegio de ser elegida para recibir clases en la escuela de instrucción revolucionaria. Había aprendido  a duras penas a leer algo. Luego obtuve mejores conocimientos porque existió Fidel”, recapituló apasionada.

Margot, asumió la administración de la tienda de Los Trabajadores; le encargó la dirección municipal del Partido Comunista de Cuba (PCC), atendiera la recepción de la organización política. Tiempo después fue designada secretaria general de la FMC y en otro momento administradora del comedor regional del Instituto Nacional  de Reforma Agraria (INRA), a esta instancia.

Por tanta trayectoria complementada en la moral sin tacha, obtuvo la militancia partidista. “Fui la secretaria general del núcleo del PCC en el sector del Comercio. Al jubilarme fui elegida para ocupar igual cargo en similar estructura, pero de jubilados, en el reparto Jacinto González, donde vivo”.

Hace varios meses la santacruceña María Margarita restablece la salud en la casa de uno de sus hijos. Al reportero expresó sencilla algunos de sus deseos: “Espero que antes que mi nieta Yoandra Aguila Torres, regrese de Venezuela, donde cumple misión internacionalista, mi pie ulcerado se sane completamente; volver al domicilio y continuar desempeñando los militantes deberes”.