La sed de los embalses afecta economía camagüeyana


Por Rolando Sarmiento Ricart / Colaborador de Radio Cadena Agramonte

Camagüey, 28 jul .- La mitad del año se fue sediento, sin que ninguno de los meses hasta junio rozara la media histórica de precipitaciones, y si no llueve con repetición primaveral, la tierra no se empapa, los ríos y arroyos no corren y los embalses no reciben el preciado líquido para reservarlo.

Camagüey, la provincia más extensa de Cuba y la de mayor número de obras hidráulicas, es la segunda en capacidad de embalse de la Isla -1 209 millones de MM3- después de Sancti Espíritus. Sin embargo, hoy apenas acumula el 28% de llenado, aridez que perjudica la cosecha arrocera del sur y medio sur del vasto territorio, los planes de la ganadería y la siembra de caña, por los bajos niveles de las presas Najasa I, Muñoz, El Porvenir, Jimaguayú, San Pedro, Cubano Hidráulica y otras vinculadas al desarrollo agropecuario.

Mejor acumulado presentan las fuentes de abasto a la población con el 47,8% de almacenado, no así la Unión II en el municipio de Jimaguayú y Mañana de la Santa Ana, tributaria de agua a la ciudad de Nuevitas y al balneario turístico de Playa Santa Lucía, prácticamente secas.

Para atenuar el déficit del norte marítimo, la Empresa de Aprovechamiento Hidráulico (EAH) -a través del río Saramaguacán-, bombea agua desde la Cubano-búlgara hacia Las Flores, hidrorregulador sometido a una inversión de rehabilitación tras los estragos del huracán Ike.

Concluida la reparación de la válvula reguladora, conductoras de 800 milímetros de diámetro y las nuevas escolleras, esa obra hidráulica podrá recepcionar hasta tres millones y enviar 700 litros por segundo para el sistema turístico de la Playa y la población nuevitera.

Viaje por cauces secos

El ingeniero Gustavo Riesco López, es un constructor devenido director de la referida entidad de Recursos Hidráulicos en la provincia, con quien recorrimos las fuentes del norte donde se conjuga el servicio a la población, el desarrollo del alevinaje acuícola, el turismo y la producción de alimentos agrícolas.

Por el camino de Los Cangilones el primer espejo de agua que aparece es la presa Hidráulica Cubana, bastante deprimida como revelan sus aguas débiles y verdosas, que ya ni siquiera pueden satisfacer la demanda contratada de 6 MM3 de la estación de alevinaje acuícola cercana.

El especialista de la Zona del Máximo, Leoncio Aparicio García, considera que, de ocurrir el ansiado evento climático lejano en el pronóstico meteorológico hasta hoy, quizá esta presa que beneficia la agricultura de la región sea la última en recuperarse porque tendrán primero que nutrirse los pequeños embalses aguas arribas que escurren hacia esa presa.

Aparicio dijo también que buzos amarrados a la superficie, repararon la compuerta en jornadas de 12, 14 horas diarias durante una quincena, cuando el volumen hidráulico estaba por los casi tres millones, de los 19,8 MM3. De capacidad total de la Hidráulica Cubana.

“Fue un trabajo muy peligroso y arduo que requirió de la pericia de buzos especializados para evitar el vaciado de la presa”, apuntaron Aparicio y René Risco Rivero, director de la UEB Complejo Norte.

Por el mismo itinerario lanza destellos de plata al mediodía La máximo, suministradora principal del Acueducto de Camagüey, con un reservorio más holgado del 42,7%, aunque la pérdida de más de la mitad de sus niveles topes son apreciables en los verdes islotes más crecidos y los esqueletos de árboles que afloran con el descenso de las agua.

La centinela de Jimaguayú

Odelsa siempre ha visto seco el aliviadero de la presa. Hace siete años que la Jimaguayú no se desborda y seis que ella vive a la orilla de la larga cortina de la fuente superficial más grande de Camagüey.

Quizá ese anhelo insatisfecho, se aleja ahora por otra nueva sequía que distancia por día las escalas numéricas de los peces y acercan la realidad meteorológica al punto muerto del embalse -20 millones de metros cúbicos de 200 posibles.

Hasta ella misma se sorprende, a veces, con la mirada escudriñando las nubes que huyen de la zona para descansar al norte, sobre la ciudad de Camagüey, donde entraron dos millones de metros cúbicos por los aguaceros citadinos, lo cual enseguida permitió algunas entregas a los arrozales y cañaverales, sin atentar contra los bajos niveles.

Odelsa Rodríguez Sarduy, un día cambió el bullicio de los niños y adolescentes, el olor y sabor de la sazón de sus comidas, por la vigilia del espléndido espejo de agua de mayor capacidad provincial, cuyas aguas irrigan plantaciones de caña de azúcar y arroz, además, de ser una de las más productivas fuentes acuícolas de Cuba.

Comparte su insomnio laboral con la atención al rubito inquieto de tres años, Dilán Morrel, su nieto y la hija Elaine Recio. Residen en una sólida vivienda, con servicio eléctrico mediante una moderna “plantica” y otra radial para comunicarse y ponerse feliz cuando por las proximidades o allá en la “cabeza” de los afluentes Tínima y Hatibonico descargan las negras nubes el ansiado H2O.

“No es fácil –afirma Odelsa- cuando el viento se vira del sur los jejenes se ponen insoportables y la vigilancia no puede descuidarse porque son muchos los pescadores furtivos que vienen a la presa, y algunos excavan para buscar lombrices de carnadas y afectan la cortina ”.

Pese al recogimiento de las aguas que descubren árboles casi “fósiles”, la Jimaguayú es un embalse limpio, con el talud enlajado y extensa la cortina chapeada.

Pese a la carencia de un televisor, un refrigerador, ni siquiera un radio, Odelsa es feliz en el alejado paraje, porque dirige una brigadita de siete trabajadores que mantienen la obra hidráulica lo mejor posible, aun enfrentando la indolencia de los pescadores clandestinos que dejan sus evidencias dondequiera.

La presa Jimaguayú ha aliviado desde su puesta en uso solo los años 1988,94, 2007 y 2008… Odelsa la ha visto casi a punto, llegar hasta los 198 millones de M3 y espera verla botarse muchas veces más.

El mes de julio parece irse como llegó: ausente de lluvia y pese a los salpicados chubascos que reverdecen potreros y cunetas, la sequía ha diezmado más de 3 200 fuentes de abasto de la ganadería y obliga al tiro de agua en pipa a no menos de 120 000 animales.

Los sembradíos, la mayoría en suelos de secano, peligran y, aunque el suministro del vital líquido potable puede garantizarse, aún en un nuevo período seco, hay que utilizar con mesura las reservas, evitar que el agua escape por salideros y malos usos, porque las predicciones de precipitaciones, temporales, incluso, de ciclones, son escasas. (Fotos: Leandro Pérez Pérez)