La Campana de La Demajagua vuelve a sentirse en toda Cuba

Iniciar la lucha resultaba necesario. Las vacilaciones además de peligrosas, sólo eran “propiedad” de los pusilánimes. Carlos Manuel de Céspedes defendía el criterio de apresurar el alzamiento. Cada día se agudizaba el escenario conspirativo en las regiones de Manzanillo y Bayamo.

El Padre de todos los cubanos sospechaba la posibilidad de una delación. Argumentaba: “Todo lo sé, pero no es posible aguardar más tiempo”. Seguro estaba el patriota de que nunca faltan los traidores en las horas decisivas. Levantarse en armas era el cardinal propósito.

El temor de Céspedes quedó confirmado: serían detenidos él y otros conspiradores por las autoridades españolas. El propio 8 de octubre de 1868 al ingenio La Demajagua, propiedad del valiente revolucionario, llegaron varios hacendados criollos, quienes lo seguirían a la manigua. El ánimo rebelde era blanco y negro fundido en machete, pólvora, fusil, resistencia.

La entereza alzó las voces patrióticas dos jornadas después, exactamente el día 10,  para salir a los campos a lograr con sangre mambisa una revolución de carácter nacional, anticolonialista y antiesclavista.

Con brazo de hierro ensangrentado la metrópoli gobernaba a Cuba. Bastó el sonido de la campana para que la dotación esclava de Carlos Manuel se acercara a escuchar la clara oratoria. El régimen imperante nos privaba de toda libertad política, civil, también religiosa. Los justos hijos de la Isla eran desterrados o ejecutados sin mediar proceso alguno.

Al analizar aquel suceso el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, significó: “Aquella decisión de abolir la esclavitud constituía la medida más revolucionaria, la medida más radicalmente revolucionaria, tomada en el seno de una sociedad genuinamente esclavista”.

¡Independencia o Muerte! , fue la consigna del ejército constituido. El grupo de alzados creció rápido en cantidad. Algunos de los humildes  llevaban hasta cujes de yaya con afiladas hojas de machete en los extremos.

Los campesinos, artesanos negros y mulatos libres, de igual manera constituyeron las principales fuerzas motrices de ese periodo. Ejemplos de heroísmo se sucedieron, incluso se multiplicaron.

La primera década de lucha llamó a las hostilidades a los valientes, después la continuidad con tregua fecunda añadida mantuvo la efervescencia, para continuar en intransigencia indoblegable hacia la invulnerable  Sierra Maestra y el llano. Fue el mismo pueblo envestido de superior conciencia, unidad y convicción rotunda el que situó el triunfo verdadero en el canto inmortal del Primero de Enero de 1959.

Hoy cuando Donald Trump, otro de la misma insensible camada estadounidense, pretende acusar a la Mayor de las Antillas, argumentando incomprensibles falacias, la campana de La Demajagua vuelve a sentirse en toda Cuba. Desde las trincheras de la verdad defendemos la moral, el prestigio y la dignidad de esta tierra íntegra, combativa, de hijos laboriosos, solidarios, de inmenso corazón humano.