Iván Pedroso: El mundo en un salto

Salta Pedroso… ¡Salta!

Cuando Iván Pedroso, bien llamado El Saltamontes, tenía la mirada fija en el caeón de saltos, con sólo una oportunidad de coronarse, sabía que millones de ojos iban sobre él. Sabía que allí, en el estadio, atento a su salto, estaba Carl Lewis, El Hijo del Vien­to, quien había ganado cuatro torneos olímpicos consecutivos –desde Los Ángeles 1984 hasta Atlanta 1996– en esa modalidad. Otro gran­de, Mike Powell, el de los 8.95, también lo seguía.

La vida le había sonreído y, a su vez, le había jugado malas pasa­das. Nunca olvidaría el 8,96 en Sestrieri, Italia 1996, donde destrozó el récord mundial de Powell. Dicen que un sospechoso se detuvo –casualmente– para ver el prodigioso salto frente al aparato que mide la velocidad del viento; no lo homologaron. No fue recordista mundial en noche de neblinas.

Después vino una lesión mal atendida, a pocos meses de Atlanta 1996. La delicada operación fue un éxito. Pronósticos reservados; tenía que decidir por sí mismo. Ante tantas adversidades, muchos flaquean. Los elegidos se sobreponen. Iván tenía paradigmas cercanos como Juantorena o Ana Fidelia, quienes resurgieron con bríos mayores, como hacen los campeones.

La capacidad del pensamiento no tiene límites. En fracciones de segundos pueden acumularse milenios. Iván tenía muchas cosas en qué pensar cuando su digno contendiente australiano esperaba desplazar a Zeus del Olimpo de la longitud. Estaba obligado a dar el gran salto, el definitivo.Una oportunidad, la que por derecho propio tienen los grandes. Sin opciones para el lujo de bandera roja; tenía que ser blanca.

Otro recuerdo, el peor. Tortura de noticia primero, realidad después: la pérdida de la autora de sus días. A ella le había prometido la medalla. No le podía fallar. Limpió la mente, miró para la multitud de ciento diez mil aficionados que lo aplaudía respetuosa e íntegra, mas quería que perdiera. Allí el 99,9% estaba con el australiano. Como los grandes pidió palmadas, tal Lewis o Sotomayor; las recibió. Levantó la cabeza, se irguió y salió dispara­do hacia el cajón de saltos. Silencio sepulcral. No desplegó su mayor velocidad evitando una falta.

Cuando despegó, lo hizo con once millones; la última imagen materna le dio fuerzas de ultratumba. Voló, como los inmortales, hacia la gloria olímpica, la misma de aquel Hijo del Viento que no lo perdía de vista. Las manos del australiano fueron a la cabeza. Los ojos de todos hacia la mujer convertida en jueza implacable. ¡Bandera blanca, de campeón olímpico! No necesitaba saber la marca, su salto era el mejor.

El múltiple campeón mundial (cinco veces bajo techo y cuatro al aire libre) corrió hacia el entrenador, hacia Juantorena, hacia quienes lo apoyaron, con la imagen fija en aquella que le dio el ser.No celebraría con él pero desde cualquier rincón del infinito era feliz, pues el hijo había cumplido la palabra que le enseñó a no empeñar nunca en algo inútil.

Iván Pedroso lloró. ¿Quién dijo que los campeones no lloran? Por su mente volvieron recuerdos buenos y malos. Quedó la última huella, la que siempre queda: ¡Ya era campeón olímpico! El australiano Jai Taurima cayó con las botas puestas. Fue superior a las expectativas y dio mucho colorido a la compe­tencia. Lo felicitó y se les vio juntos en el podio de premiación, oyendo las notas del Himno Nacional Cubano.

Algunos datos del campeón:

Iván Lázaro Pedroso Soler nació el 17 de diciembre de 1972, en La Habana. En 1995 logró la medalla de oro en el Campeonato Mundial de Gotemburgo, Suecia, con 8, 70 metros. Ese mismo año, en una competición en Sestriere, Italia, alcanzólos 8,96 metros, superando por un centímetro el récord mundial del estadounidense Mike Powell, pero según se informó, en el momento del salto había un juez delante del anemómetro, que obstruía la medida real del viento. Repetiría lahazaña en los Mundiales 1997 en Atenas, Grecia y 1999 en Sevilla, España.

1995 fue un año pródigo para el Saltamontes. Según Wikipedia, la Enciclopedia Libre 2017: “Es el único ser humano en haber superado la barrera psicológica de los 9 metros en la especialidad en un salto válido en la tabla, pero no récord oficial, por ventosidad. Fue en marzo de 1995, en los Juegos Panamericanos de Mar del Plata, a nivel del mar, donde hizo 9,03 con viento…”

A pesar de reinar durante muchos años en su especialidad, tuvo que esperar a los Juegos Olímpicos de Sydney 2000, en Australia, para conseguir su primera medalla de oro en esos torneos.Con un salto de 8,55 superó al australiano Jai Taurima por un ajustado margen de 6 centímetros. En Barcelona 1992se había clasificado cuarto, por detrás de Carl Lewis, Mike Powell y Joe Green, y en Atlanta 1996 no pudo participar por una lesión.

En el Campeonato del Mundo de Atletismo 2001 en Edmonton, Canadá, consiguió otra medalla de oro con un salto de 8,40 metros, sumando un total de cuatro medallas de oro en Mundiales y una de oro olímpica, a las que hay que añadir sus cuatro títulos en los Campeonatos del mundo en pista cubierta, convirtiéndose en uno de los mejores atletas en la historia de la especialidad.Su actuación en los años 1995, 1997 y 2001, le valieron para ser electo el Mejor Atleta del Año en la encuesta de la Agencia Latinoamericana de noticias Prensa Latina.

Fue la consagración de una carrera pródiga en premios mundiales, con nueve: cinco bajo techo (Toronto-1993, Barcelona-1995, París-1997, Maebashi-1999 y Lisboa-2001) y cuatro al aire libre (Gotemburgo-1995, Atenas-1997, Sevilla-1999 y Edmonton-2001).

Después se convirtió en un excelente entrenador.Trabajó con el francés Teddy Tamgho, quien rompió en tres oportunidades el récord mundial bajo techo de triple salto, en Doha, Qatar en 2010, con 17.90 metros; un año después, lo hizo primero en la ciudad gala de Aubiere, con 17.91 y luego en París, el 6 de marzo de 2011 en el Campeonato Europeo de Atletismo (17,92).

En la actualidad entrena con resultados destacados a la venezolana Yulimar Rojas, quien bajo su pupila conquistó la medalla de plata en el triple salto de Río de Janeiro 2016.

Iván Lázaro Pedroso Soler, en cualquier época, es uno de los más grandes del deporte cubano, y mucho más allá.