Ismael Clark, testigo de la época fidelista de la ciencia cubana – Radio Santa Cruz

Ismael Clark, testigo de la época fidelista de la ciencia cubana

Ismael Clark soñaba, cuando tenía apenas diez años, con extender los raíles eléctricos del trencito que su papá pudo comprarle. En una casa pequeña encontró espacio para sus experimentos de química, aunque más de una vez dejó estragos a su alrededor, como aquella ocasión en que una reacción le abrió huecos al mantel de su mamá Teté. Entre corrientazos y reacciones, creció en él la curiosidad que “atomizó” su cerebro y fue abriéndose camino hacia la ciencia.

Con modestia absoluta, afirma que su persona no es nada extraordinaria en sí, aunque tiene en su hacer la presidencia de la Academia de Ciencias de Cuba y estar vinculada a ella durante 21 años y seis meses, hasta su reciente retiro como Presidente de la institución, a fines de 2017.

Sin embargo, confiesa que si algo es sobresaliente es “el hecho de haber estado del centro de los acontecimientos de una etapa extraordinaria del desarrollo de la ciencia en Cuba.”

El Dr. Clark comparte este lunes con los lectores de Cubadebate su visión de la historia y los retos actuales que enfrenta nuestra Isla en este campo, en conmemoración al Día de la Ciencia en Cuba.

Academia de Ciencias de Cuba

Para Ismael Clark “la Academia de Ciencias, en el caso de Cuba, es un reflejo de la propia historia de la nación y del pensamiento nacional cubano.”

“En el siglo XIX, gente avanzada empezó a gestionar permisos para tener una Academia de Ciencias antes de que existiera su homóloga en la propia España. Por esa misma razón, tuvieron que esperar como cuarenta años para que la Corona Española finalmente les aprobara la idea de crearla. Cuando se funda la academia, ya había un grupo de personas notables que hacían esfuerzos personales” en pos de la ciencia en la mayor de las Antillas.

“Felipe Poey, Álvaro Reinoso, José Francisco de Albear, y otro que casi nadie recuerda y sin embargo fue, después de Tomas Romay, el que más insistió y al fin logró tener una Academia de Ciencias y aglutinar a los demás: el presidente fundador Nicolás José Gutiérrez, eminente cirujano y uno de los que introdujo la cirugía de neuro anestesia quirúrgica en Cuba, cinco o seis meses después de haberse aplicado en Escocia o en Estados Unidos, en el siglo XIX.”

“Finalmente se aprobó la creación de la Academia en 1861 y en un tiempo determinado brilló notablemente.”

Clark también menciona los nombres de Carlos Finlay y Juan Santos Fernández, jurista y emprendedor, “quien pagó de su bolsillo la preparación de dos muchachos para que fueran a estudiar al Instituto de Pasteur en Francia y aprendieran a hacer suero antiftérico. Unos meses después de que existiera en el mundo el suero antiiftérico en el mundo, ya en La Habana también existía.”

Cuando hubo la Exposición Panamericana en Buffalo, Estados Unidos, en 1901, los productos biológicos cubanos del siglo XIX obtuvieron premios. “Ese es un precedente tremendo para una institución académica.”

“Después, vino la intervención norteamericana que hizo tanto daño en la ciencia como en todo lo demás. En la Academia, del 1900 hasta la Revolución, ni estaban todos lo que eran ni eran todos los que estaban.”

“Por ejemplo, Pedro Kourí no fue miembro de la Academia de Ciencias Médicas Físicas y Naturales de La Habana y, sin embargo, fue fundador de una de las pocas instituciones cubanas de la época pre-revolucionaria que alcanzó desde entonces prestigio internacional: el Instituto de Medicina Tropical y Parasitología.”

“El nombre del Instituto – según cuenta el doctor – es más grande que el espacio que ocupaba en el hospital Calixto García, donde se fundó”. Sin embargo, el nivel, el rigor y la capacidad científica demostrada hacía que sus publicaciones tuvieran un prestigio en América Latina desde los años 40 y 50.

“En esas condiciones llega la Revolución y Fidel dice en enero de 1960, “el futuro de nuestra patria tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de ciencia”.

El Comandante sabía cómo lograrlo. “Buscó al más entusiasta, Antonio Núñez Jiménez, naturalista, geógrafo, antropólogo… Núñez era de todo – afirma Clark -. Fidel le dijo: Tu tarea es armar una Academia de Ciencias, pero revolucionaria de verdad”.

“Se crea entonces una Comisión Nacional para la Academia de Ciencias de Cuba que, además, rediseña la academia sobre otras bases: con alcance nacional, amplitud de disciplinas mucho mayor incluyendo las ciencias sociales y sobre todo la tarea y las responsabilidades de establecer instituciones.”

Excepto por iniciativa personal, la Academia no estuvo vinculada en la etapa pre-revolucionaria a organizaciones e instituciones de investigación de ninguna manera.

“Por el contrario, a partir de 1962 se crea toda la batería de institutos encargados del estudio de los recursos naturales, y se establece también el Instituto de Etnología y Folclore, el Instituto de Literatura y Lingüista, que expanden culturalmente, desde el punto de vista institucional.”

“De esa manera, la Academia tiene entonces una etapa que abarca del 62 al 76, donde sin tener existencia legal en papeles ya ha creado más de 40 instituciones que conforman una situación diferente en el país.”

Hubo otros focos de gestación de instituciones científicas que se articularon con estas propias instituciones. “El pegamento era la Revolución y el pensamiento de Fidel. Ese era más que suficiente”, afirma Clark.

“A partir del 76 se le empiezan a dar a la Academia algunas funciones rectoras específicas, por ejemplo, dirigir el sistema nacional de información científico-técnica, dirigir el sistema nacional de meteorología”, entre otras.

Desde 1980 hasta la creación del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) en 1994, la Academia asume funciones ministeriales. “No obstante, se decide crear el CITMA para elevar lo más posible el nivel de atención gubernamental al factor ambiental.”

“Es una decisión que, a mi parecer, está conectada directamente con la experiencia de la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro de 1992 y la propia participación del Comandante en Jefe en la cumbre.”

“En el año 96 se hace un decreto ley por el Consejo de Estado que reorganiza la Academia de Ciencias. Tuvimos la suerte que lo firmó el Comandante en Jefe. Es un documento histórico de la gestión del líder de la Revolución, que está vigente hasta hoy y es por el que nos hemos guiado desde entonces”.

¿Cuántos científicos están relacionados en la Academia?

En número redondo, hay alrededor de 300 científicos destacados que están en composición académica en distintos estatus:

  • Miembros titulares (se eligen de forma temporal, en un ejercicio de seis años que puede ser prorrogado una y hasta dos veces).
  • Miembros eméritos (acumulan determinados méritos y reconocen determinadas cualidades sobresalientes. Son de carácter permanente).
  • Miembros de honor (Son personas que han contribuido desde el punto de vista de su perfil de trabajo y su papel en la sociedad, han aportado al trabajo de la Academia y al desarrollo de la ciencia en el país).
  • Miembros correspondientes (Los estatutos dicen que son personas que no residen en Cuba y que cumplen los requisitos que nuestra ética supone).

¿Cómo es el financiamiento de la Academia?

“Sobre ese tema se ha discutido y trabajado bastante, sobre todo en los últimos dos años. Este es un país que tiene recursos limitados y tiene también necesidad de que la ciencia avance. Entonces ahí hay una trampa dialéctica: la ciencia necesita la prosperidad del país para tener recursos para desarrollarse, pero, a su vez, el país para desarrollarse necesita del aporte del trabajo de la ciencia.”

“Lo que se está tratando es de encontrar los mecanismos que permitan que no sea solamente el presupuesto del Estado la vía única de ingreso. Pienso, y es la experiencia de muchísimos países, que el Estado nacional no se puede desentenderse del apoyo de ciertos estudios científicos que son de interés estratégico para el país.”

“Viabilizar, hacer factible que del sector empresarial venga también un canal de ingreso hacia las instituciones científicas o hacia los grupos que hacen investigaciones científicas (de instituciones o universidades).”

“Hay que aprovechar lo mejor posible el financiamiento externo. No es menos cierto que el bloqueo enreda, hace mucho daño y entorpece las cosas. Y si a ello le agregamos nuestro reguero endógeno, hay veces que las cosas se vuelven demasiado complicadas.”

En cuanto a las líneas de investigación, Clark explica que “las prioridades del país las determinan los documentos normativos del Congreso del Partido ratificados por la Asamblea Nacional del Poder Popular. Ahí es donde están las prioridades y ahora con el Plan de Desarrollo hasta el 2030, también los ejes y las líneas estratégicas.”

“Ahora, en cómo eso se convierte y se plasma en investigaciones y procesos organizados, que incluyan investigación, transferencia de tecnología, eso es tarea del CITMA y de lo que hoy cada vez se denomina más innovación: convertir conocimiento en procesos productivos materiales con mejores servicios.”

Clark hace un llamado de atención sobre la necesidad de mantenerse al día respecto a las investigaciones a nivel mundial. “Tienes que tratar de estar al día  y estar al tanto del significado de las cosas que se van poniendo en claro con esas investigaciones. Eso influye después en todo, en el pensamiento y en la capacidad de utilización de otros conocimientos.”

Retos y desafíos de la Academia

  • Ayudar a generar riquezas suficientes para ella misma alimentarse y convertirse en un alimentador del progreso. Ella sola no puede generar todo, pero sin ella no se puede desarrollo.
  • Aunque haya inversión de capital extranjero, si esa inversión desde el punto de vista tecnológico no es compatible con nuestras necesidades, posibilidades y con la capacitación que logre alcanzar nuestra gente, es negocio para el que invierte y no para nosotros, y eso no es lo que el país necesita.
  • Ese es el reto más grande de la ciencia y del país. Es una relación recíproca. No es que la ciencia sea el ombligo del mundo, es que, en el mundo de hoy, sin las herramientas científico-tecnológicas no se puede hacer nada que sea consistente, viable y ambientalmente compatible.

“Desde el 2000, la Academia ha querido proyectarse lo más posible hacia las generaciones más jóvenes. De entrada, se creó un estatus que antes no existía de Asociado Joven, precisamente para darle entrada a gente joven talentosa, entusiasta, emprendedora, que por una parte se nutran del ambiente de la Academia y por la otra le inyecten a la Academia energía juvenil.”

Hay un vínculo que se trata de fortalecer con las Brigadas Técnicas Juveniles porque la Academia trata de apoyar, patrocinar y movilizar, desde el apoyo profesional, a aquellos calificados para los concursos científicos juveniles.”

“También (se trabaja) hacia lo vocacional en los preuniversitarios de ciencias exactas. Eso lo hace contando con su propia gente y la Academia es un interlocutor muy natural en las sociedades científicas cubanas. Muchas veces sirve de puente y facilitador y lo que hace es comprometer gente de las sociedades. Ese trabajo hay que ampliarlo.”

Ismael Clark. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

“Aunque las vocaciones no se pueden forzar, al menos, donde haya un atisbo de vocación hay que tratar de alimentarlo y que no se pierda. Hay que lograr compatibilizar, siempre que sea posible, el interés de las instituciones científicas con los intereses personales legítimos de los que tienen capacidad para el trabajo científico.”

“La Academia tiene que pensar, ante todo, en promover el pensamiento científico en la sociedad, servir de consultora. La ley se lo encarga. Con un pensamiento independiente que responda exclusivamente al análisis desde el punto de vista científico técnico, expresando su opinión y haciendo sus recomendaciones sobre los temas que sean, en interés del Estado y de la sociedad.”

Como retos, también se plantea “ayudar a impulsar la educación científica de las mejores maneras posibles, promover la imagen de la ciencia, reconocer a los científicos. Divulgar la obra de los científicos de antes y de ahora para que sea visualizado su papel en la sociedad.”

Testigo de mi tiempo

“Soy un testigo de mi tiempo. Si me piden que describa en una frase corta la etapa de la Ciencia que he vivido, diría que es la etapa Fidelista de la Ciencia en Cuba.”

La permanencia del Comandante, sus desvelos, su cariño humano , su curiosidad infinita y su utopía incansable, logró empujar un andamiaje científico admirable a nivel internacional. Es el sentimiento de toda una generación.

Ismael Clark. Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.