[:es]Incondicional es el amor de familia santacruceña a sus seres queridos[:]

[:es]Santa Cruz del Sur, 11 feb.- La unidad de varios hijos, tanto hembras como varones, es adhesión total en las dedicadas atenciones que requieren la madre y un hermano con la salud muy deteriorada.

Quisieran  los cuidadores verlos volver a sonreír, pero la alegría se les ha ido escapando a los enfermos. El afán de alimentarlos, protegerlos, darles las medicinas en el horario oportuno llena de gozo a los improvisados enfermeros.

“Todos son maravillosos. Me cuidan bien al igual que mi nené Aramisito. Fui una madre buena y lo continúo siendo”, comentó al reportero casi en susurro Julia García Tejeda. La anciana cumplió el pasado siete de febrero 70 años.

Araís Ortega García, una de las hijas, vive alejada de esta localidad. “Resido hace mucho tiempo en Tuinucú, poblado perteneciente a la provincia Santi Spíritus, pero vengo a menudo a ayudar. Ellos necesitan mucho de nosotros. Mi familia lo comprende”.

Las tareas hogareñas en esta vivienda del barrio Paloma tienen el sello de lo metódico. “Mamá nos enseñó a ser voluntariosos, ordenados… Nos crió pegada a la batea y la tabla de planchar. Luego laboró de auxiliar de limpieza en la Unidad de la Gastronomía Las Brisas”, manifestó Aritza Ortega García.

Hace un año Aramís Ortega García quien es sordomudo de nacimiento, dejó de caminar a causa de una hemiplejia. El sistema óseo superior e inferior de su cuerpo cada día se deteriora más.

“El pasado día cuatro de este mes le celebramos su 43 cumpleaños. Aún es joven y mire usted lo mal que está. Sólo nos queda atenderlo lo mejor posible”, señaló Arnaldo Ortega García, profesor de Cultura Física.

La incondicionalidad se fortalece en el amor de estos lugareños. La ternura recibida la retribuyen a través de la especial grandeza bautizada fidelidad.

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