Historia de combatiente santacruceño lleva sombrero de yarey

Sujeta animado el rústico elemento con el cual se siente altamente identificado. El sombrero de yarey es parte característica de la historia del santacruceño combatiente Catalino Dolores Ramos Granado.

El menor de los seis hermanos varones trasladó con sus anécdotas al reportero hasta la finca El Pilar, la que emergió entre los montes del barrio San Nicolás, en el antiguo municipio oriental Elia ( hoy Colombia), lugar donde nacieron igual cantidad de hermanas, cinco de ellas de padre y madre.

“Les sobraban las miserias a los guajiros relegados como nosotros. Las zafras por esa época eran muy cortas tan cortas como nuestras posibilidades económicas. Papá para poder sustentar la prole vendía miel, frutas y limpiaba campos de caña en el llamado tiempo muerto.

Sus hijos lo ayudábamos. Aprendimos a ser unidos en la pobreza. Los que vivimos aquello sabemos cuán duro repercutió en los desposeídos de la Isla entera”.

A partir del triunfo revolucionario todo sería más difícil, había sentenciado  Fidel. “Pronto comprendí lo expuesto por el Comandante en Jefe. Fui movilizado junto a otros jóvenes en la zona de la Federal, área intrincada de Elia.

Allí manteníamos los cañaverales libres de maleza, también reforestábamos los terrenos indicados con plantas maderables. Nos llamaron a filas para combatir a las bandas contrarrevolucionarias”, rememoró el entrevistado.

Integró Ramos el numeroso grupo de “pichones” de milicianos de la lucha contra bandidos. “La primera operación estuvo encaminada a la búsqueda y captura de los bandidos apodados Patato y Chiquitico”.

Mucho tuvieron que andar por las tierras del municipio camagüeyano de Guáimaro. “Pero no dimos con ellos. Nos enteramos de un tiroteo que hubo por el puerto de Guayabal, en la municipalidad de Amancio  Rodríguez, sin embargo los contrarrevolucionarios pudieron escapar. Días después por el litoral de Santa Cruz del Sur, fueron apresados. Intentaban salir ilegal del país”.

Sus meritorias condiciones le permitieron ser miembro activo de la Unidad de Tropas Guarda Fronteras, repitiendo igual tarea por  las costas, cayerías de esta comarca y del territorio agramontino Vertientes. Luego por las inmediaciones de la loma del Gavilán en el Escambray, participó el soldado en acciones combativas.

La salud se le comienza a deteriorar. “Tuve entonces que desmovilizarme del Ministerio del Interior (MINTNT).  Auque ya me había ganado la condición de militante del Partido Comunista de Cuba (PCC).

Ocupó de inmediato cargos de responsabilidad en el combinado pesquero e industrial “Algérico Lara Correa”. Al transcurrir pocos años el deber internacionalista necesitó del sargento de segunda.

“Me hicieron exámenes de todo tipo, todos me favorecieron. Nunca dije que me sentía mal. Pude salir hacia Etiopía”. Fue ubicado en Giggiga, cerca de la frontera somalí, desempeñando el quehacer de jefe de pelotón de abastecimiento en el grupo número cuatro de la quinta brigada de artillería, desde el 1979 hasta 1981.

El jubilado del sector pesquero siente mucho orgullo. Le argumentó al periodista el motivo: Dos de mis cuatro hijos, cumplieron misión internacionalista en la República Popular de Angola.

La artrosis cervical lumbar generalizada que padece intenta detener a Catalino Dolores. “Mientras lleve este sombrero de yarey podrá la enfermedad jorobarme más, pero nunca interrumpir las obligaciones revolucionarias a las que me debo”.