Fuerza de amor y voluntad

Los fenómenos naturales golpean tan fuerte como un puño al rostro. En Cuba hace 79 años no pasaba nada igual. La noche del veintisiete de enero cuando en muchos municipios el pueblo homenajeaba al Apóstol, La Habana vivía uno de los peores momentos de su vida.

Nada es tan devastador cuando se espera, pero esto fue imposible de predecir. ¿Quién iba a imaginarse que algo tan fuerte sucedería en la capital? Algo para lo que los cubanos no estaban preparados.

Fueron pocos minutos, sin embargo el ruido todavía queda grabado en las mentes de los habaneros, y las imágenes no serán fáciles de borrar.

Hogares destruidos totalmente, autos tirados en plena calle, árboles caídos, postes completamente en el suelo, ventanas y techos arrastrados varios metros por la fuerza de los vientos.

Un tornado destruyó algunos municipios de La Habana, también causó la pérdida de vidas humanas, pero no destruyó la confianza en la Revolución y el espíritu solidario de este pueblo.

Familias fueron evacuadas en centros donde nada les falta, tienen atención médica y en muy poco tiempo podrán regresar a sus nuevas casas.

Tareas para la reconstrucción de viviendas e instituciones ya fueron encomendadas y poco a poco después de casi veinte días la Habana vuelve a erguirse, alta y con la elegancia que se le conoce.

El pueblo respondió ante el llamado y otro tornado pero de solidaridad golpeó a la isla, esta vez sin vientos ni polvo, solo con ayuda humanitaria brindada desde el interior del país y desde el exterior, para que todo lo que se reconstruya, quede mejor, más fuerte y más bonito que como estaba antes.