[:es]Fidel, de acusado a acusador[:]

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Un día como hoy, 21 de septiembre de 1953, el joven abogado Fidel Castro Ruz se convirtió de acusado en el más contundente acusador frente al Tribunal que lo juzgaba a él y a sus compañeros por los asaltos a los cuarteles Moncada, de Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo M.N. De hecho, convirtió el revés en victoria.

 

–No se puede juzgar a un hombre así esposado– comenzó por denunciar en la puerta de la Sala del Pleno del Palacio de Justicia de Santiago de Cuba. Fidel estaba escoltado por un grupo de soldados y dos oficiales del Ejército. La Sala estaba atestada de soldados con bayonetas caladas. El Tribunal, desconcertado, suspendió brevemente la sesión recién iniciada.

 

El joven abogado conocía el procedimiento y el Tribunal tuvo que aceptar su protesta. Entonces exigió que también se las quitaran a sus compañeros. Y ello fue hecho. En ese instante, comenzaba a convertirse el juicio del Moncada en una victoria tras el revés del asalto.  Inmediatamente después el acusado Fidel Castro exigiría asumir su propia defensa ya que un jurista tenía ese derecho: su petición tuvo que ser aceptada. Sin embargo, debía responder primero el interrogatorio del fiscal y los magistrados. Obviamente aceptó, pero en cada una de sus respuestas había una contundente acusación sobre los crímenes cometidos con decenas de sus compañeros, el primero Abel Santamaría, el 26 de julio y en días sucesivos, tras el asalto al Moncada, en el cual solo murieron en combate seis compañeros, mientras la cifra oficial se multiplicaba por decenas.

 

La solicitud de asumir su propia defensa comprendía su investidura con la toga de abogado, y ocupar un lugar en el estrado destinado a los demás letrados, los cuales representaban a muchos acusados que nada tenían que ver con los hechos, pues eran políticos de la oposición involucrados en el hecho. Entre la excepción estaba el doctor Baudilio Castellanos, quien como Abogado de Oficio defendería a los demás combatientes. Fue desde ese estrado e investido con la toga, respondiendo al doctor Ramiro Arango Alsina, un político acusado de ser autor intelectual del Moncada, que Fidel respondió sereno, pero vibrante: «Nadie debe preocuparse de que lo acusen de autor intelectual, porque el único autor intelectual del Moncada es José Martí».

 

En cuanto a los crímenes, en tanto él conocía por sus compañeros sobrevivientes los nombres de muchos de los militares que los cometieron, exigió que se dedujeran testimonios para que fueran juzgados como criminales. En la tercera Vista oral Fidel fue retirado. El tribunal hizo constar que permanecería en la cárcel de Boniato, porque según un certificado médico, el acusado estaba enfermo. Fidel haría allí, por conducto de una carta al Tribunal, entregada a este por la abogada doctora Melba Hernández, también acusada, que él no estaba enfermo y emplazó a los jueces a verificarlo, pero no se hizo.

 

Así el 16 de octubre del propio año, el Tribunal lo juzgó en una pequeña salita de estudio del Hospital Civil, donde él mismo dijo en su alegato conocido como La Historia me Absolverá, que tenía como único público a seis periodistas en cuyos órganos de prensa no podrían publicar nada.

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