Cuba rinde tributo a Ignacio Agramonte, relevante jefe militar de la guerra independentista

Los cubanos recuerdan hoy al Mayor General Ignacio Agramonte Loynaz, nacido en Camagüey el 23 de diciembre de 1841, uno de los jefes militares más notables de la guerra contra el colonialismo español durante el siglo XIX.

Agramonte —procedente de una familia adinerada— se incorporó a las filas del Ejército Libertador en noviembre de 1968,antes de cumplir los 27 de años de edad.

Un año después participó en la histórica Asamblea de Guáimaro, donde fue redactada la primera Constitución de la República en Armas.

Además de sus valores y principios, era un excelente jinete y esgrimista, cualidades que hicieron de él un jefe militar admirado y respetado por sus subordinados.

Con la ayuda del capitán y luego Comandante Henry Reeve, quien llegaría a ser Brigadier, organizó una caballería la cual fue reconocida en la centro-oriental provincia de Camagüey.

Una de sus tantas hazañas quedó plasmada en la Historia de Cuba: el rescate del Brigadier Julio Sanguily, el 8 de octubre de 1871.

Sanguily fue hecho prisionero por una caballería española compuesta de 120 hombres, los cuales quedaron sorprendidos con el violento ataque con machetes de los soldados cubanos.

Otros méritos de El Mayor —como es conocido por el pueblo cubano— derivaron de la reorganización de las tropas en su territorio y la preparación de la invasión a la antigua provincia central de Las Villas.

Agramonte cayó en combate el 11 de mayo de 1873 en el potrero de Jimaguayú, actual municipio de Vertientes.

Su pérdida quizás no fue superada en los diez años de guerra, pero su ejemplo en lo militar y político fue seguido por altos oficiales del Ejército Libertador como Antonio Maceo y el dominicano Máximo Gómez.

Por su trayectoria y virtudes éticas, el Héroe Nacional de Cuba, José Martí, lo calificó como “diamante con alma de beso”. (Texto y foto: PL)