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Golpe del 10 de marzo de 1952, afrenta a la patria de Martí
En la madrugada del 10 de marzo de 1952 el pueblo cubano fue sorprendido por la siniestra conspiración para apoderarse del poder: revuelta que tenía como figura principal a Fulgencio Batista Zaldivar, quien había sido el ”hombre fuerte“ entre 1934 y 1944. Consumada la asonada contra el corrupto, aunque constitucionalmente electo presidente Carlos Prío Socarrás, Batista se instaló en el poder, derogó la Constitución de la República, implantó los llamados Estatutos Constitucionales, disolvió la Cámara y el Senado, y estableció una brutal dictadura.
El nuevo régimen abrió las puertas del país, aun más, a los representantes de los intereses norteamericanos, y con apoyo del gobierno de esa nación aumentó la corrupción y asesinó a miles de cubanos, en su inmensa mayoría jóvenes, instaurando una de las tiranías más sangrientas de América Latina.
El 10 de marzo el pueblo comenzó a vivir una de las etapas más difíciles de la república neocolonial.
Para aplicar su política corrupta y criminal, Batista creó, organizó y perfeccionó el aparato represivo en función de aplastar toda oposición posible. Se articularon el ejército, la policía y la marina con el Servicio de Inteligencia Militar, los Buroes de Investigaciones y el de Represión de Actividades Comunistas y otros, así como grupos paramilitares.
El asalto al poder propició el total desprestigio de los partidos tradicionales de entonces: conservadores, liberales, demócratas y republicanos se sumaron al nuevo gobierno; los auténticos se dividieron en numerosas corrientes, todas desacreditadas, y el Partido Ortodoxo, mayoritario en esa época, fue presa fácil del oportunismo, la pasividad y la división.
El golpe de estado y la tiranía de Batista fueron el ejemplo más claro de que la ilegalidad y la falta de ética en Cuba provocaban, necesariamente, la profunda revolución social.
En la lucha contra la tiranía influyó, de manera decisiva, el ideario de José Martí enarbolado por la Generación del Centenario y el Ejército Rebelde dirigidos por Fidel Castro. Ello tuvo su fundamento en la tradición patriótica que venía gestándose desde 1868, con la República en Armas.
Luego de cinco años, cinco meses y cinco días después del 26 de Julio de 1953, triunfó, el primero de enero de 1959, la insurrección armada y se inició el proceso de profundas transformaciones sociales que requería la nación. (Por Ángel Rodríguez Álvarez, AIN)
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