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Mario López Alpízar: Con los guantes colgados en el corazón
Las técnicas del boxeo siempre están latentes en las oportunas esquivas y certeros golpes que aglutinó la fructífera vida del exatleta de Santa Cruz del Sur Mario López Alpízar. Mucho era su afán desde los 13 años, por subirse al ring y ocupar un lugar cimero en el deporte de los puños.
“Me gustaba ir al antiguo club gallístico a ver los entrenamientos, ya había triunfado la Revolución, era la década del 60. Boxeadores locales como Manduquen, Pitirre, el Chino Toledo y otros, estaban en espléndidas condiciones. Un día me puse los guantes con otro muchacho que tenía 13 años igual que yo, desde ese mismo momento me embullé a seguir ejercitándome”.
Habilitado el inmueble donde radicó el INDER (Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación), se comienzan a practicar muchas disciplinas deportivas. “Roberto Conde era el entrenador de boxeo y logró formar un equipo oficial de 11 divisiones, donde estaban como principales figuras Elías Zayas, Sigfredo Miranda, Raúl Matamoros, y otros dos compañeros de quienes no recuerdo sus nombres, pero sí sus apodos: El Piojo y El Lecherito”.
Listos todos los púgiles, comenzaron los eventos competitivos con los adversarios de los zonales en este territorio. “Yo estaba en los 48 kilos. Recuerdo que se hicieron coordinaciones entre los directivos del INDER para hacer topes una vez a la semana entre los municipios Amancio Rodríguez y Santa Cruz del Sur. Luego las giras, con los guantes a cuestas, se extendieron a Camagüey, Florida, Nuevitas y Morón”.
López Alpizar considera que fue “un pegador fuerte en su división, y dominaba las tres distancias: larga, corta y cuerpo a cuerpo”.
Los enfrentamientos en cuatro topes provinciales lo conducen a intercambiar golpes con rivales de la talla de Evelio Mulén, conocido como El mudo de Florida. “Ese hombre era muy guapo e incansable. La suerte estuvo de mi parte, en el segundo round logré conectarle un derechazo al rostro. Subí al cuadrilátero teniendo de contrario a otro boxeador que tenía el sobrenombre de Dulce de Coco y también le gané”.
Sin embargo con Julio Castillo, de Morón, el jurado no dio una buena decisión teniendo Mario todo a su favor, “por lo que el jefe del equipo nuestro decidió retirarse de esa competencia”.
Durante una pugna de carácter nacional celebrada en esta localidad, Mario tuvo en la esquina opuesta a Bernardo López., de La Habana, pero pierde por RCC. Sin embargo en torneo que se realizó en Nuevitas, donde había colectivos de Camagüey y Matanzas, “pude derribar al matancero Julio Morales, por puntos”.
El apego a su terruño
Las excelentes cualidades del boxeador de 48 kilos eran bien conocidas por especialistas y directivos del INDER. En el 1968 es seleccionado para entrar a la ESPA Nacional, “pero decidí no irme, no me gustaba estar becado, no me acostumbraba a irme tanto tiempo de aquí .Ahora me arrepiento, sé que podría haber hecho historia en el boxeo cubano. Cuando hay juventud falta experiencia”.
Transcurridos dos meses lo llaman a cumplir el Servicio Militar en la División Cuarta del Ejército del Centro. “Pueden imaginar lo que significaron esos primeros meses separado del lugar que me vio nacer, sin embargo la creación allí mismo de un equipo de boxeo, donde la mayoría éramos camagüeyanos, me quitó la tristeza del pecho”.
“Sin casi recibir los fogueos necesarios echamos peleas en Remedios, Camajuaní y Yaguajay. Me incluyeron en ocho combates y no perdí ninguno. No tuve igual suerte en el Festival Deportivo del Ejército Central, el error de ponerme en los 52 kilos, conllevó a que perdiera la primera primera contienda, al resultar una división muy grande para mí”.
Cuando lo desmovilizan de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) sus brazos y piernas siguen deslizándose con rapidez en el ring hasta el 1973, sumando más triunfos a su palmarés. “Logré ascender a los 51 kilos, donde llegué a sentirme seguro y ejecutar mayor pegada”.
Aunque no pudo integrar el equipo Cuba, los recuerdos de Mario López Alpízar, buscan nuevas victorias. “Si me necesitan para entrenar pueden buscarme. Los guantes siguen colgados en mi corazón”. (Redacción Digital/ Radio Santa Cruz)
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