Ciencia y Saludciencia_tecnologia

Cardiopatías: educar al paciente en su autocuidado

Cada año mueren más personas por enfermedades cardiovasculares (ECV) que por cualquier otra causa en el mundo. A su vez, son una causa importante de consulta, ingreso en hospitales y de complicaciones de salud

, muchas de las cuales se resuelven gracias a la tecnología que ha ido desarrollándose, tanto en el equipamiento médico como en los tratamientos con medicamentos y rehabilitación.

Hoy día ya existe, incluso, la terapia con células madres, que aunque está aún en investigación y desarrollo, es un campo prometedor para la medicina en general.

En la Mayor de las Antillas, las ecv ocupan también el primer lugar en la mortalidad, con una tasa de 241,6 por 100 000 habitantes, reportó el Anuario Estadístico de Salud del año 2017.

«Cuba tiene una  experiencia médica de larga data en el caso de las cardiopatías. Hace ya más de 75 años que se fundó la Sociedad Cubana de Cardiología, y luego del triunfo de la Revolución, con el desarrollo de las especialidades médicas, la cardiología y la cardiocirugía han sido de las áreas de mayor desarrollo en el país», apuntó a Granma la profesora Herminia Palenzuela López, coordinadora de la Red Cardiopediátrica Nacional y responsable del Programa de Calidad del Cardiocentro Pediátrico William Soler.

Tal es así que en el tratamiento de muchas de las enfermedades cardiacas se alcanzan estándares similares a los de países más desarrollados. «Ello, en medio de una gran batalla, porque todo lo que significa medicina y tecnología médica está sumamente afectado por el bloqueo económico, comercial y financiero que ha impuesto por más de 50 años a la Isla el Gobierno de Estados Unidos», señaló la especialista.

En el país existen decenas de miles de pacientes que viven con una operación cardiaca, un marcapaso, que tienen puesta una válvula en el corazón, un stent en una coronaria y muchos más, «que sin haber sido intervenidos tienen tratamiento y seguimiento por el médico de la familia, sus clínicos, cardiólogos o los hospitales donde se les brinda atención», refirió la especialista.

De ahí que los profesionales insistan en lo esencial de que exista conciencia por parte de los pacientes, y en el caso de los pacientes pediátricos, en sus familias, en cuanto al cuidado y a la prevención de complicaciones en los enfermos.

En ese sentido, la entrevistada mencionó la prevención de las infecciones, es decir, de la endocarditis bacteriana, en aquellos pacientes que tienen un implante cardiaco, llámese parche en el corazón, conducto y válvula, entre otros.

La endocarditis es una infección a nivel del corazón producto de una bacteria que entra a través de la piel o mucosas, un problema dentario o inoculada (inyección); circula por el torrente sanguíneo y se aloja en el corazón, sobre todo donde hay una válvula artificial, explicó la experta. Todo lo cual es prevenible.
De igual modo, apuntó, es imprescindible vigilar la medicación del paciente, su dosis; que las tabletas sean de los miligramos correctos, sus horarios; y por ejemplo, en aquellos que toman anticoagulantes, ser cuidadosos con los análisis de chequeo, así como con posibles contraindicaciones o interacciones con otros medicamentos que se vayan a utilizar; por lo que es obligada la consulta con el especialista en estos casos.

Los pacientes con tratamientos antiarrítmicos también deben tener en cuenta estas precauciones.
Asimismo, resaltó la profesora, es sumamente importante el control de la hipertensión arterial, donde tienen un peso extraordinario la adecuada dieta y alimentación, el ejercicio y la actividad física.

Igual importancia tiene evitar los hábitos tóxicos y la obesidad, pero también velar por la conducta y un modo de vida saludables.

Sobre este último aspecto mencionó la necesidad de no perder de vista –especialmente en el caso de los jóvenes que tienen una cardiopatía– determinados elementos como, por ejemplo, el hacerse tatuajes, o la implantación de piercings, ya que «todo aquello que penetra en el organismo puede ser fuente de complicación, y más en un paciente cardiópata, en particular si este está intervenido».

En los 33 años de vida del Cardiocentro, luego de que se fundara por Fidel en el año 1986, se han intervenido más de 10 000 pacientes, los cuales están incorporados en más de un 90 % a la vida social y familiar, precisó.
«Muchos hoy día son adultos que trabajan, tienen su vida personal, inclusive hay cientos de ellos que han tenido descendencia. Los hijos de los cardiópatas que han sido atendidos aquí, en el 99 % de los casos han sido niños completamente normales», apuntó.

CUIDAR CON SALUD

Para la profesora Herminia Palenzuela, una cuestión medular es la atención de los niños y adolescentes con problemas del corazón en el seno familiar, que deriva muchas veces en sobreprotección.

Si bien es entendible la preocupación de la familia, ya sea de los padres en primer lugar, como de los abuelos, tíos, hermanos… por un niño o niña con un problema cardiaco, hay que saber conducir el modo en que ejercemos ese cuidado, comentó la entrevistada.

Generalmente la tendencia es a evitar que el niño tenga actividad física, se moleste o llore por algo: «No dejes llorar al niño que está enfermo del corazón, no lo dejes correr que se cansa y le puede hacer daño… no salgas, no juegues tanto, no te muevas…», son algunos de los comportamientos frecuentes, señaló.

«Esto que quizá en un momento, y sobre todo en niños de edades tempranas, puede parecer intrascendente, va provocando una conducta determinada en ese menor, que se habitúa a que lo mimen, a que le den lo que quiere, porque “no puede llorar”, a que los padres se desvivan por complacerlo, para evitar que el niño llore, se sienta mal, o le “dé taquicardia”.

«Pero sucede que ese niño, que después es adolescente y más tarde un joven, se ha acostumbrado durante años a que siempre lo complazcan, y no gana en responsabilidad para aprender a cuidarse y evitar complicaciones de su problema de salud», comentó la profesora.

Sobran los ejemplos de jóvenes que ya son hombres y mujeres y quien sabe qué medicamentos toma y el horario es la mamá, y no el propio paciente.

Si ese joven no ha sido educado, entrenado y preparado para, con responsabilidad, cuidarse a sí mismo, lamentablemente las posibilidades de que haga cosas que dañen su salud aumentan; sobre todo en los adolescentes que tienden por las características propias de su edad a hacer lo que hace el grupo. «Ahí radican los riesgos, como el hábito de fumar, consumir sustancias tóxicas, realizar actividad física sin el adecuado control, cuestiones que pueden dañar a cualquier persona, pero en aquellas que han sido tratadas por cardiopatía son más peligrosas», dijo.

«Las posibilidades de llevar una vida útil y socialmente activa después de haber sido tratado o intervenido por problemas del corazón son muy grandes y en muchos casos iguales que las del resto de la población que no ha tenido ningún padecimiento», apuntó la doctora Herminia Palenzuela.

Pero ello requiere de un seguimiento médico correcto, un manejo adecuado por parte de la familia, y una preparación del niño, adolescente y joven paciente, que debe iniciarse desde etapas tempranas, concluyó.

 PRECISIONES

  • Uno de cada cien niños en Cuba nace con un problema del corazón.
  • Para el año 1982, antes de que se inaugurara el Cardiocentro Pediátrico, la mortalidad infantil era de 14 por cada mil nacidos vivos, de los cuales tres niños morían por cardiopatías congénitas. Hoy, cuando la mortalidad infantil se ha visto reducida a cuatro por cada mil nacidos vivos, el índice de mortalidad por cardiopatías congénitas es menor de 0,5 por cada mil nacidos vivos.
  • El Cardiocentro Pediátrico William Soler brinda atención médica, intervencionista y quirúrgica mediante servicios de hospitalización y ambulatorios, así como con servicios de investigación diagnóstica y rehabilitación integral en los niños con enfermedades cardiovasculares y los adultos con cardiopatías congénitas, en estrecha vinculación con la Red Cardiopediátrica Nacional.
  • Uno de los principales valores que ha defendido la Institución radica en el Programa Nacional de Rehabilitación Cardiovascular, pues no solo se vela por salvarle la vida al paciente, sino  por asegurarle una mejor calidad de vida y su incorporación útil a la sociedad.