Aromático néctar carretero endulzó nocturnidad en institución santacruceña

La leña fue cubierta en apenas minutos por amarillentas llamas, disipando la frialdad que quiso juntarse. Mientras que los invitados a la nocturna actividad interactuaban entre comentarios literarios y el entretenimiento.

El cementado patio de la biblioteca Mártires de Pino Tres de esta localidad volvió a acoger a los lectores amigos, los que ocuparon las sillas dispuestas desde temprano. Los aplausos mostradores del bienestar colmaron el breve espacio.

Una joven técnica en bibliotecología les leyó el poema Una marioneta de trapo, del colombiano Grabiel García Márquez. Después comentó la obra Nadie sabe por qué, del autor cubano José Ángel Buesa, fecundada por poemas, elegías, sonetos.

En otro momento la encargada de esta parte del programa tomó en las manos el texto Yo he visto un cangrejo arando. Leyó entonada la décima El Pozero, exhortando a disfrutar esta compilación  salpicada de humorismo campesino.

Cuando llegó el aviso los presentes se acercaron a las bravas llamas, sobre ellas la rústica olla escondía en su interior la dulzura del brebaje. El encargado de la tarea le colocó dentro la punta de un tizón por pocos segundos, así animó la ebullición del agua, el polvo fue hacia el fondo del recipiente. El aromático café de los carreteros quedó listo para servir.

Los paladares se encantaron con su criollo gusto. En el brindis se pidió por el nuevo encuentro.