Desembarco del yate Granma, símbolo de la independencia de Cuba

Desembarco del yate Granma, símbolo de la independencia de CubaCuando los expedicionarios del yate Granma desembarcaron el 2 de diciembre de 1956 en el oriente de Cuba, el hecho evidenció la decisión de reanudar la lucha por la independencia nacional iniciada en el siglo XIX.

Navegaron hasta quedar varados en el fango, en el lugar conocido por Los Cayuelos, a escasos dos kilómetros de la playa Las Coloradas, al noroeste del faro de Cabo Cruz, actual municipio de Niquero, en la hoy provincia de Granma.

Aproximadamente a las 6:00 de la mañana comenzaron a descender y cada uno de los 82 combatientes tuvo que llevar sus armas, debido a que el bote auxiliar se hundió por el peso del armamento traído desde que zarparan, el 25 de noviembre, del puerto de Tuxpan, en el estado mexicano de Veracruz.

De acuerdo con los cálculos, debieron llegar al amanecer del quinto día de travesía, pero no pudieron hacerlo en la fecha prevista por la diferencia en la velocidad de crucero del barco, su sobrecarga, el mal tiempo y la rotura de uno de sus motores durante dos días.

“Quedamos en tierra firme, a la deriva, dando traspiés, constituyendo un ejército de sombras, de fantasmas, que caminaban como siguiendo el mpulso de algún oscuro mecanismo psíquico”, narró el Comandante Ernesto Che Guevara en su artículo “Una revolución que comienza”.

Los responsables de la operación de apoyo en Santiago de Cuba trataron de que coincidieran sus acciones con el desembarco para permitirle al Comandante en Jefe Fidel Castro y sus compañeros mayor libertad de desplazamiento en los primeros momentos de su arribo, según el libro “de Tuxpan a la Plata”.

En la práctica, el movimiento popular armado que lo respaldaría el 30 de noviembre resultó victoria política, aunque desde el punto de vista militar no logró sus objetivos tácticos por el retraso de la expedición y las exclamaciones públicas de los organizadores sobre su presencia en tierra natal.

Clima semejante contribuyó a agravar la situación y de inmediato el Ejército y la Fuerza Aérea trataron de localizarlos por aire y por tierra, con órdenes estrictas desde el Estado Mayor, que radicó en la antigua Ciudad Militar de Columbia.

Quedó evidenciado que la operación había sido delatada por los servicios de inteligencia de la tiranía de Fulgencio Batista, asesorados por los norteamericanos.

Verdadera odisea significó para los soldados de nuevo tipo adentrarse por los tupidos manglares que cubren el litoral y se extienden por dos kilómetros tierra adentro. Para colmo, mosquitos y jejenes se sumaron a la hostilidad del pantano.

Virtualmente exhaustos por el rigor y la adversidad, los integrantes de la "bisoña tropa rebelde", como la calificó Che Guevara, experimentaron la sorpresa al ser detectados en la colonia de caña de Alegría de Pío, tomada por efectivos militares.

Un reducido grupo sobrevivió a aquel infierno de plomo, fuego y muerte o asesinatos posteriores, lograron reagruparse con su máximo líder y avanzaron hacia la Sierra Maestra, donde se formó el destacamento guerrillero, después convertido en Ejército Rebelde y, finalmente, en las Fuerzas Armadas Revolucionarias.

Así quedó sellada la suerte del régimen militar de Batista en la continuidad de las luchas independentistas iniciadas por el pueblo cubano en 1868, cuando Carlos Manuel de Céspedes dio el primer grito de la guerra necesaria. (Lino Lubén Pérez/Servicio Especial de la AIN).