EE.UU. y el doble rasero de su cruzada antiterrorista

EE.UU. y el doble rasero de su cruzada antiterroristaLa Habana, 29 ago.- A pesar de que el Gobierno de Estados Unidos se toma el derecho unilateral de decidir quién merece estar en la cuestionable lista de países patrocinadores del terrorismo, su propia conducta respecto al tema pone en entredicho la legitimidad de sus políticas.

Investigadores, analistas e influyentes medios de prensa estadounidenses están llamando la atención hacia las maneras empleadas por Washington para combatir a supuestos enemigos, a partir de fórmulas poco convencionales que en muchos casos tienen puntos coincidentes con las utilizadas por sus beligerantes oponentes.

Un reciente artículo publicado por el diario The New York Times cuestionó el excesivo poder con que cuenta la Casa Blanca, desde tiempos de la administración republicana de George W. Bush y que trasciende hasta el actual mandato de Barack Obama.

La publicación neoyorkina se enfocó en la validez de los métodos empleados, que van desde el uso de complejas operaciones secretas y el empleo de sofisticadas tecnologías de localización, hasta los asesinatos selectivos.

En un artículo publicado en mayo último, el New York Times se preguntaba cómo puede la opinión pública internacional saber si los objetivos elegidos por los estrategas de Washington son verdaderos terroristas peligrosos o sólo personas vinculadas con asociaciones equivocadas.

Estados Unidos tiene una larga historia vinculada con el terrorismo de Estado, con muestras indiscutibles durante la sangrienta guerra en Vietnam, el Teherán del Sha Reza Pahlevi, las incursiones secesionistas contra las recién instaladas repúblicas africanas o el enfrentamiento a las revoluciones centroamericanas.

Terrorismo organizado y financiado desde Washington conocieron muchos países latinoamericanos que terminaron bajo crueles dictaduras militares entrenadas por las embajadas estadounidenses.

En el análisis de The New York Times, se reconoce que de aquel Obama aspirante a presidente, que en el 2008 defendía la desactivación de las cárceles secretas que mantenía la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en diferentes lugares del mundo, y que exigía el cierre inmediato de la cárcel instalada en la Base Naval de Guantánamo, queda