Armas nucleares, la soga al cuello

Armas nucleares, la soga al cuelloEl peligro atómico que se cierne sobre el mundo y la humanidad, y que a inicios de este enero fue abordado nuevamente por Fidel Castro en sus Reflexiones, debería constituirse en asunto prioritario de la política internacional. La magnitud del peligro es brutal. De hecho, en el planeta los estados poseedores de arsenales atómicos acumulan no menos de 23 mil artefactos de muerte, de los cuales casi la mitad están activados para su uso inmediato.

Por otra parte, potencias imbuidas de apetencias hegemónicas y expansionistas, como los Estados Unidos, y administraciones reaccionarias que les sirven de instrumento, como el sionismo israelí, tienen entre sus cálculos el uso de las armas nucleares sin mayores reparos si lo consideran indispensable para sus intereses.

De manera que no se trata de una entelequia ni se asume el papel de caciques del catastrofismo cuando dirigentes y movimientos responsables colocan con insistencia el asunto del desarme universal en las mesas de negociaciones y en las tribunas de los principales organismos globales.

Lo cierto es que el potencial atómico acumulado a escala planetaria es hoy sobradamente suficiente como para que no quede rastro alguno del mundo, tal y como lo conocemos, con la agravante de que, de soltarse los demonios, no habrá testigos de cuanto ocurra por muy opulentos y poderosos que sean.

De ahí lo criminal que resultan las ideas y acciones que siguen empujando a la humanidad por el camino del incremento de tan destructivos polvorines.

No se puede pasar por alto que la primera potencia atómica de la historia, y la única en hacer uso de tales medios de destrucción contra ciudades indefensas como las niponas Hiroshima y Nagasaki, en 1945, intenta ahora reservarse la posibilidad de dar el primer golpe nuclear sin que medie para los presuntos oponentes la posibilidad de respuesta.

Porque ese, y no otro, es el propósito del titulado sistema de defensa antimisiles Made in USA que con tanta insistencia se intenta erigir en suelo europeo sobre las fronteras rusas.

Y frente a esa amenaza no puede faltar la lógica respuesta de quienes se ven amenazados y cuentan con todo lo necesario para modernizar y hacer más poderosas sus defensas, en lo que apunta a la renovada carrera armamentista de elevadas proporciones.

Carrera, por demás, que para Washington nunca ha cesado a pesar de la disolución, al cierre del pasado siglo, de la Unión Soviética y del llamado campo socialista en Europa del Este.

En el caso de Cuba, su política contra la proliferación de los arsenales nucleares es constante. La Isla, que a causa de la agresividad imperialista fue vórtice de la llamada crisis de los misiles en 1962, sabe muy bien lo que está en juego.

De ahí que su voz y sus exhortaciones no falten en el devenir de las acciones internacionales por un mundo más seguro.

El pasado año, por ejemplo, Cuba fue elegida presidenta de la Conferencia de la ONU sobre el Desarme, apenas pocas semanas después de haber presentado ante el máximo organismo internacional la moción para proscribir las armas atómicas en un plazo no menor a 25 años.

Esa solicitud fue acompañada además, de la idea de establecer que, con al menos la mitad de los gastos militares del mundo, se crease de inmediato el Fondo de Naciones Unidas para la atención al desarrollo económico y social de los países necesitados.

Al asumir la presidencia de la Conferencia de la ONU sobre Desarme, la Isla precisó: la existencia de  los pertrechos nucleares y de las doctrinas que intentan justificar su permanencia a partir de la titulada garantía de “seguridad nacional”, constituyen una grave amenaza para la paz, a la vez que sustraen importantes recursos a urgentes necesidades humanitarias como la lucha contra el hambre y las enfermedades, entre otros flagelos aún vigentes en el complicado escenario global de nuestros días. (Por Néstor Núñez, AIN)