Cubanos regocijados con el triunfo femenino en Guadalajara

La Habana, 24 oct. – Los cubanos todavía hablan de los triunfos de la isla en la lucha libre, que califican como la gran vedette de los Juegos Panamericanos de Guadalajara, sobre todo por el brillo femenino de sus compatriotas y sus medallas doradas.

Aunque los cronistas auguraban varias preseas en esa disciplina, muchos consideraron sus vaticinios una ilusión remota, aunque acariciable, y otros desconfiaban con escepticismo de una participación femenina con visos de victoria. Tal vez, opinaban, quien sabe, pero… y dejaban sin concluir la frase.

Aunque lo neguemos en público, los rezagos machistas aún laten con fuerza en nosotros, dijo a Prensa Latina Emilio Rodríguez, un joven escritor del barrio habanero de El Vedado, quien quedó apabullado el sábado último por el combate relampagueante de Katherine Vidiaux.

Parecía un torpedo en marcha, comentó. Era un amasijo de músculos en acecho, calculando cada desplazamiento, cada ataque, para echarlos a andar en el momento preciso, liderados por una técnica sin fisuras.

En todo momento reinó a su gusto sobre la lona dejando a su rival, la norteamericana de ascendencia rusa Elena Pirozhkov, inerme, sin defensa. Ante esa avalancha caribeña, subrayó, no pudo hacer nada.

La sede de la lucha vibró al mismo ritmo de los hogares cubanos. Fue un momento único, añadió. Desde la oriental provincia de Holguín, Vidiaux viajó para apoderarse del trono en los 63 kilogramos.

Terciando en la conversación, el médico Joan Bermúdez -quien antes de definir su vocación, estudió en una escuela deportiva- sacó a relucir la medalla de Lisette Echeverría en los 72 kilogramos, frente a la brasileña Aline Ferreira. Un combate menos deslumbrante, dijo, pero igual de efectivo.

Otro éxito meritorio, apuntó, fue el de las remeras Aimée Hernández y Yariulvis Cobas, y su despliegue en los remos cortos. Pese a una arrancada no óptima, lejos de desmayar, sacaron a flote su coraje y vencieron los dos mil metros para anticiparse a la pareja norteamericana.

Animadas por un empuje tremendo, rememoró, llegaron a la meta para imponer un marcaje de 7.13.76 minutos.

Eufóricos Bermúdez y Rodríguez anudaron un diálogo devenido corrillo al que se sumaron transeúntes y vecinos. Cada quien aportó vivencias frente a las imágenes televisivas que trajeron desde Guadalajara una extensión de los estadios donde se definían victorias y derrotas.

Lázaro Díaz, un carpintero de oficio, quiso destacar la batalla a ritmo de pedaleo de Arlenis Sierra en el ciclismo de ruta, quien ganó el oro preciado, máxima recompensa de los Juegos, mientras sus colegas Yumari González y Yudelmis Domínguez fueron tras la plata y el bronce, respectivamente.

Tampoco quiso dejar fuera a Dianelys Pérez, ganadora del oro en tiro y a su compatriota Eglys Cruz, plata en la prueba de rifle tres posiciones a 50 metros.

Los prejuicios se derrumbaron como un castillo de naipes, redondeó Bermúdez. El siglo XXI comenzó a marchar con el paso femenino a la delantera, resumió el escritor Rodríguez a quien los Panamericanos lograron apartar por estos días de la tiranía de la página en blanco.(PL)