Maradona mentor, la leyenda sigue en pie

Maradona mentor, la leyenda sigue en pieLa Habana, 29 jun. -Diego Armando Maradona sigue siendo un espectáculo en el terreno, ahora multiplicado en el Mundial de Futbol de Suráfrica, en los 11 jugadores del plantel argentino bajo su tutela.

Trajeado de gris acero, con un saco ajeno a su naturaleza indemne de "pibe de barrio", se le ve entregado en cuerpo y alma a cada partido, desde el sitio reservado a los mentores o entrenadores.

De acuerdo con las pulsaciones y la temperatura que va cobrando el juego es capaz de confiar en un veterano como Martín Palermo que, tocado por la gracia de su mentor, lanzó en el momento decisivo un gol de oro para amasar el triunfo contra Grecia.

Con su cabellera renegrida, ondeando al viento, salta, ríe, sufre y aguanta con estoicismo las embestidas de la ansiedad, siempre confiando en su Once.

Sabe que tiene una estrella, que es casi una réplica suya sin perder su individualidad, Lionel Messi, pero sabe también que el futbol es un deporte de equipo, rebosante de incitaciones y sorpresas, como la que proporcionó Carlos Tévez en el reciente partido contra México, que condujo a Argentina directo a los brazos de los cuartos de finales para malaventura de los mexicanos.

Él, que fue un polvorín sobre el terreno, recomienda calma al plantel argentino, tranquilidad de ánimo y espíritu, una marcha pausada, un paso a paso sin sobresaltos.

Sabe también que los desbordes del espíritu y la impaciencia por un gol soñado suelen se a veces nefastos, si no se controlan con sabiduría, se calculan con paciencia y pericia, y salen a relucir en el momento adecuado.

Uno lo ve inquieto o meditativo, calibrando en qué instante sacar un as de la manga como un mago de la chistera, y lo recuerda cuando estaba en el apogeo de su gloria, en la plenitud de su forma física imprimiéndole al futbol esa dosis de magia, imaginación y misterio como quien borda con hilos de seda un poema.

Uno lo recuerda cuando estaba en un estadio repleto como si estuviera solo entre la multitud, entablando un diálogo metafórico con un balón dúctil a sus mandatos, ese balón esquivo, tras el cual 11 jugadores emprenden una perpetua cacería hasta encerrarlo, como un halcón fugitivo, entre las redes de la portería.

Ahora todo es distinto. Ya no es el astro flameante sino una leyenda echando manos a los secretos de un deporte al que le impregnó su alma, y quien sabe qué remembranzas cruazan por su mente, en vuelo raudo, mientras contempla el juego y modifica estrategias.

Sabe también que recibió su plantel sin el tiempo preciso para moldearlo, para afinarlo como un Stradivarius, pero tuvo la valentía de aceptar el reto que se le entregaba y salir adelante.

En Cuba, sus admiradores rinden culto a su valentía, a su temeridad de aceptar sabiendo que si Argentina triunfa en el Mundial, los cintillos proclamarán la victoria del país y no la suya.

El lo sabe, y sabe también que si el Once argentino pierde el cetro, la noticia difundida a los cuatro puntos cardinales será "Perdió Maradona".

Solo que Diego, quien triunfó tantas veces sobre sí mismo, siempre será Diego, un ganador en el terreno, más allá de cualquier jugarreta o azar del destino. (PL)