Argentina apunta alto a los Corales del festival de cine habanero

Argentina apunta alto a los Corales del festival de cine habaneroLa Habana, 9 dic .- El cine argentino se hará sentir hoy en el festival habanero con cinco largos de ficción en busca de premios, dos de ellos de autoría femenina, La mujer sin cabeza, de Lucrecia Martel, y La rabia, de Albertina Carri.

Fiel a su estilo, Martel entrega una cinta sin concesiones ni miramientos a la crítica, inmune a quienes le reprochan que en sus películas “no pasa nada”, sin que por ello el espectador abandone la butaca, tal vez saciado de la avalancha de historias de sesgo comercialista.

Esa es la impresión que la cineasta deja en cada uno de los certámenes en que se presenta, desde que facturó su ópera prima, La ciénaga (2001), premiada en La Habana, donde dividió en dos bandos a público y especialistas. Está acostumbrada a eso. Es polémica, iconoclasta.

Hacer una sinopsis de sus filmes resulta poco menos que imposible. Lo principal en ella es su apropiación de los códigos cinematográficos, para quebrarlos y revertirlos -haciendo caso omiso de los presupuestos tradicionales-, sobre la base de un dominio de la técnica que le sirve para vulnerarla.

En La mujer sin cabeza hay consenso en que la historia es floja pero lo principal reside en la manera de abordar el sentimiento de culpa de una mujer “atrapada por un suceso ajeno a su entorno”.

Martel no se da prisa en rodar. La trayectoria de su filmografia lo confirma. Cuatro películas desde 1995 hasta la fecha. Suele trabajar en Salta, en forma pausada, sin sobresaltos.

La otra directora es Albertina Carri, quien trajo consigo La rabia, proyectada este año en la sección Panorama del festival de Berlín, la esquiva Berlinale, donde fue recibida “como una explosión de furia contenida”.

La trama gira en torno a la violencia en el campo. Según manifestó en Berlín su realizadora, le interesaba explorar ese fondo de pasiones primaria subyacente, como una navaja cortante, tras un paisaje idílico.

Ambientada en la provincia de Buenos Aires, la tónica del filme es marcadamente realista, opinan los críticos. Su punto de partida fueron las historias sobre campesinos recogidas por John Berger en el libro Puerca tierra.

Un dato curioso. Con un presupuesto de un millón de dólares, La rabia tuvo el apoyo de Matanza Cine, la productora de Pablo Trapero, quien concursa aquí con Leonera y apostó sin pestañear por Carri. Lo sustenta afirmando “hay películas que merecen ser vistas y me gusta estar cerca de esos proyectos”.

Carlos Sorín, conocido aquí por Historias mínimas y Bombón, el perro, regresa ahora en concurso con un largometraje, La ventana, que califica de nueva ópera prima por el vuelco de estilo y la apuesta a un lenguaje distinto al de sus cintas anteriores.

El tema es la soledad y la muerte, tratadas con delicadeza y desde una perspectiva distinta. La soledad de un escritor moribundo en espera del hijo que regresa. Cada día abre la ventana como una manera de prolongar su existencia.

La carga metafórica prevalece. Sorín, quien proclama su filiación y cercanía con los jóvenes del grupo de Trapero, reconoce como antecedentes de su cinta la película Madre e hijo, de Sokurov, y el capítulo final de La dramática vida de Chéjov, de Irene Nemirovski.

La propuesta de Argentina la cierran, La sangre brota, de Pablo Fendrik , y Los paranoicos, de Gabriel Molina.

Los cinéfilos cubanos están de fiesta y las colas ante las salas de proyección matizan el paisaje. Hay muestras diversas, panoramas, presentaciones especiales, ciclos por países, amén de una cantera de documentales y dibujos animados, en competencia y secciones informativas.

La Habana como una inmensa pantalla desplegada. Las 24 hora del día no alcanzan para tanto buen cine.(PL)