La crisis que viene

La crisis que vieneLa Habana .- Si no se realizan cambios fundamentales en la dirección correcta, la crisis económica mundial mantendrá durante el 2010 sus efectos dañinos, algunos de los cuales incrementará.

Contra la visión trasmitida por grandes medios e instituciones, se pronostica un futuro inmediato de recesión sostenida, sin más salida esperanzadora que el rediseño económico.

La conclusión más certera puede ser que sus consecuencias perdurarán, asociadas e interactuando con las crisis energética, medio ambiental, social, política y otras a ella vinculadas.

Las más recientes estadísticas revelan que durante 2009 el Producto Interno Bruto (PIB) disminuyó el 2,4 por ciento en Estados Unidos, el cuatro en los 27 países de la Unión Europea y el 1,8 por ciento en América Latina.

Así, la dinámica económica del capitalismo desarrollado destruyó riquezas en vez de crear nuevas disponibilidades productivas y de consumo, como debería haber ocurrido, en razón de la actividad laboral humana.

Ello afectó individual y colectivamente, pues redujo la ganancia empresarial y el salario real, y a la vez elevó el desempleo y las pérdidas de activos en general.

El director de Global Projection en Economist Intelligence Unit, Robert Ward, consideró al respecto que se requerirá mucho tiempo para recuperar la riqueza perdida con la "debacle financiera".

Opinó que en términos del PIB per capita, "sólo en 2014-2015 volveremos a tener los niveles de 2007", el año en que comenzó a manifestarse la crisis de créditos inmobiliarios o "subprime" en Estados Unidos.

Especialistas y medios periodísticos sostienen que no se han destruido en términos físicos las riquezas, como consecuencia de una guerra armada, ni hay que recuperarlas mediante la reconstrucción, pero se han devaluado en lo productivo, lo económico y lo financiero. La Organización de Naciones Unidas de Comercio y Desarrollo (UNCTAD) considera que se han afectado activos como las acciones, los bonos y numerosos bienes raíces cuya recuperación dependerá del ajuste a la economía real en el mundo.

Paul Krugman, Premio Nóbel de Economía, considera que las familias estadounidenses perdieron aproximadamente 11 billones de dólares (millones de millones) como consecuencia de la crisis.

Por su parte, el director de planeamiento macroeconómico de la UNCTAD, Detlef Kotte, opina que "esta caída en la riqueza nominal ha afectado de manera radical el consumo y por tanto la producción".

Así, se encuentran muy afectados países como Estados Unidos –en primer lugar– y otros tan distantes como la República de Irlanda, Letonia y Estonia en el Báltico, y Ucrania y Hungría en Europa del Este, sin ser los únicos.

Se les unen España y el Reino Unido, casos que se considera "están pagando el precio por su fascinación con el consumo vía crédito y burbuja inmobiliaria", según reflejan medios periodísticos europeos.

Como consecuencia, se estima que desde ya sobrevienen años de penuria económica, sin que nadie sepa exactamente cuántos, aunque se auguran más de cinco y posiblemente hasta 10.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) calcula que 40 millones de personas antes vinculadas laboralmente han perdido sus empleos, desde el inicio de la crisis en el 2007.

Debido a ello Estados Unidos presenta el mayor nivel de desocupación en 25 años, con el 10 por ciento; y los 16 países de la euro zona le pisan los talones con el 9,6 por ciento.

En América Latina, que también fue muy afectada en el 2009, más de dos millones de personas perdieron su trabajo, sin que se pueda pronosticar la recuperación en el corto plazo.

Sólo aceleradas políticas sociales y el vínculo más estrecho con países menos afectados por la crisis, como China, permitiría augurar en esta región un daño menor, si propiciara una recuperación económica más dinámica.

Globalmente, se calcula que el retorno al nivel de empleos existente al inicio de la crisis sólo será posible en no menos de cinco años, si se produjeran cambios muy positivos en la situación económica mundial.

Pero la realidad muestra signos contrarios, pues un reciente estudio del Banco Central de Inglaterra calcula en 14 billones de dólares lo destinado por los países desarrollados al rescate de su sistema financiero.

Medios de prensa internacionales también estiman que "la cuenta final será desorbitante", si se les añade la inversión fiscal requerida para sostener la actividad económica y tratar de impedir que la crisis se transformara en una gran depresión, al estilo de los años 1930.

Mas esto también recae sobre las espaldas de los productores verdaderos de las riquezas, pues el costo deberá asumirlo el fisco, vía los contribuyentes, muchos millones de los cuales no son productivos en términos físicos reales.

Los estados tendrán que financiar las deudas derivadas de ello mediante el incremento de los impuestos o apelando a reducciones del gasto público.

Se advierte que el daño directo más inmediato recaerá sobre los servicios, principalmente los de salud y educación, los más necesarios a las clases sociales menos solventes.

Sobre estas expectativas sombrías se añade que el Fondo Monetario Internacional, en una comparación reciente de 88 crisis monetarias, entre 1970 y 2002, dictaminó que siete años después de tales debacles las economías correspondientes no habían recuperado el terreno perdido.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) reportó en su informe del primer semestre de 2009 que, luego de seis años de crecimiento continuo, el PIB de la región se contraería en el 2009, lo que finalmente se confirmó.

En su estimación auguraba que la tasa de desempleo se elevaría en consecuencia, del 7,4 al nueve por ciento, como también ocurrió.

Al presentar el Estudio Económico de América Latina y el Caribe, la secretaria ejecutiva de la organización, Alicia Bárcena, anunció entonces que la crisis dejaría en la región "secuelas perdurables", como "amplio desempleo, menor crecimiento y contracción comercial".

Luego del primer semestre de 2009, un dictamen reveló que el comercio, las remesas, el turismo y la inversión extranjera directa fueron los sectores más afectados en la región como consecuencia de la crisis.

Las exportaciones de bienes disminuyeron el siete por ciento en volumen y el 30 en valores, las remesas bajaron considerablemente y los flujos de inversión extranjera se redujeron en el 40 por ciento.

En consecuencia, la CEPAL auguraba la práctica cuadruplicación del déficit en cuenta corriente, con respecto al 2008, debido a que pasaría de sólo el 0,6 por ciento del PIB, en el año anterior, al 2,3 en el 2009.

Para el 2010, ese organismo prevé que la región, con Brasil a la cabeza debido a su 5,5 ciento de expansión estimada, crecerá en el 4,1 por ciento, contra el 1,8 de decrecimiento final en el recién concluido 2009.

En otros ámbitos mundiales, la República Popular China ha superado las expectativas de su gobierno, al retomar su ritmo acelerado de crecimiento, lo que confirma que será la locomotora de la recuperación económica en el planeta.

Su Oficina Nacional de Estadísticas recién informó una expansión económica del 10,7 por ciento en el país durante el último trimestre de 2009, en comparación con el mismo período de 2008.

Howard Chernick, del Hunter College en Nueva York, asegura que "el predominio económico de Estados Unidos, por el contrario, ha disminuido y se necesitará algún tiempo para que nuestra economía vuelva a crecer. Nos espera un período extenso de desaceleración o declive", opina.

De los análisis se desprende que la crisis económica no ha desaparecido, algo que tampoco podrá ocurrir dentro de los cánones que la originaron, ni sus consecuencias dejarán de ser catastróficas este año.

Lejos de haber desaparecido, los efectos de la crisis auguran un 2010 plagado de carencias sociales, sobre todo para los más pobres, y motivarán nuevas búsquedas en las que la Alianza Bolivariana de los Pueblos de Nuestra América (ALBA) se mantendrá como proceso alentador en Latinoamérica.(Por Ernesto Montero Acuña*)

(*) Periodista de Prensa Latina especializado en temas globales e integración.